El trípode de Helena es un blog personal, es decir, yo soy el único que escribe en él. En la parte superior de la columna derecha, verán mi retrato y debajo una descripción fantástica (curiosamente muy real) de mi carácter. Todo junto es Bisutería barata... A continuación, en Oropel imperial están organizadas las entradas según los temas recurrentes. Lo que hay es simplemente el fichero del blog. Siguen dos listas: Cinefilia y Bibliomanía, cuyos fines son fáciles de suponer. Luego, otras dos secciones Hits del blog y De uno en uno cuyas funciones están (para variar) demás definir.
Si a alguno de ustedes le intriga el título del blog, de click aquí o busque la respuesta en el "oropel" de Relatos. Si están interesados en descubrir más acerca de la sugerente imagén del encabezado, entren aquí o revise la primera entrada del "oropel" Pintura.
En fin, los saludo y les exijo que si tienen algo que decir, sea para bien o para mal, háganlo escribiendo algún comentario.

jueves, 9 de julio de 2009

Los no-contactados


A propósito de los acontecimientos que remecieron a nuestro país hace casi un mes –y que mostraron lo fragmentada que es en realidad la Nación peruana y lo difícil que resulta para muchos personas el aceptar está pluralidad tan contradictoria– me enteré de una agradable noticia cuando supe de la existencia de los no-contactados. Al poco tiempo también tuve conocimiento de que muchos de ellos se habían desplazado por la tala ilegal de la amazonía hacia Brasil y que estaban en riesgo, todo lo cual ya no es nada agradable.
Desde hace un par de años había comenzado a pensar que en los tiempos que corren, en medio del Facebook, el Youtube y el Twitter, no podía haber nadie no-contactado. Claro, porque uno sólo se entera de la existencia de los que lo están. Entonces me pregunté: ¿Y los que no lo están qué? ¿Existen para nosotros o no? ¿O será que acaso son invisibles?
Con el transcurrir de los días me di cuenta de que mis inquietudes primeras eran muy egoístas. No había notado un pequeñísimo detalle: Aquellos pueblos habían renunciado voluntariamente a lo que nosotros llamamos «civilización». Eso cambiaba la pregunta radicalmente: ¿Es que se puede hacer eso hoy? Y sí se hace, ¿por qué sería? Creo que es bueno que reflexionemos un momento en torno a este predicamento. Desde la sociedad pero sobretodo desde nuestra conciencia individual. Después de todo nosotros también buscamos contactar a los no contactados, a los marginados de la sociedad; sin embargo eso no debe privarnos de la capacidad para ver en ellos a personas con una vida y con un modo de pararse en el mundo: propio, original y, lo más importante, tan valido como el nuestro.

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