El trípode de Helena es un blog personal, es decir, yo soy el único que escribe en él. En la parte superior de la columna derecha, verán mi retrato y debajo una descripción fantástica (curiosamente muy real) de mi carácter. Todo junto es Bisutería barata... A continuación, en Oropel imperial están organizadas las entradas según los temas recurrentes. Lo que hay es simplemente el fichero del blog. Siguen dos listas: Cinefilia y Bibliomanía, cuyos fines son fáciles de suponer. Luego, otras dos secciones Hits del blog y De uno en uno cuyas funciones están (para variar) demás definir.
Si a alguno de ustedes le intriga el título del blog, de click aquí o busque la respuesta en el "oropel" de Relatos. Si están interesados en descubrir más acerca de la sugerente imagén del encabezado, entren aquí o revise la primera entrada del "oropel" Pintura.
En fin, los saludo y les exijo que si tienen algo que decir, sea para bien o para mal, háganlo escribiendo algún comentario.

miércoles, 24 de junio de 2009

Una cápsula con malas noticias

Alain Badiou, uno de los que ha influenciado la entrada presente.

Toda organización social –o lo que es lo mismo pero en un plano más general: toda semiósfera–, hasta donde tenemos conocimiento, está sustentada por una ideología. En el presente vivimos sobre las ruinas del pensamiento capitalista; es decir, la tenue ideología del mundo posmoderno es la que nos impone el «pos-capitalismo». Pues bien, el resultado de la Modernidad fue la alienación del hombre mediante los medios de explotación propios de la producción capitalista. La calidad social de las organizaciones colectivas contemporáneas (Estados, Naciones y Pueblos) es sin duda infrahumana. Por tanto, estamos ante un tipo especial de semiósfera cuyo centro duro, es aún más rígido, opresor y alienante. Ante tal panorama toda esperanza parece cancelada.
Sin embargo, en toda semiósfera existen bordes o espacios de frontera provistos de una alta movilidad y de una baja ideologización. En ellos los paradigmas cronotópicos no son acatados ni defendidos con la unanimidad de las áreas más próximas al centro duro. Estos espacios «disidentes» (en un primer momento) van a generar los focos de resistencia (en uno segundo) a partir del instante en el que cambian su modo de ser/estar de la pasividad a la actividad. He ahí el poder casi viral de estas manifestaciones. Son cápsulas que almacena un cúmulo de mensajes disidentes y que adquieren una forma (o envoltura) determinada que las estructura otorgándoles una coherencia interna a través de un meta-texto. Traducción: el conjunto aleatorio de mensajes (o textos) es engarzado en un proyecto común con una causalidad interna y un fin externo. El ente viral busca vivir (se compone) a partir de sustancias no vivas. Los focos de resistencia pretenden generar sus propias ideologías alimentándose de los residuos de la semiósferas adyacentes, pero como los virus no se convierte en seres vivos, en ideologías, sino que se vuelven entes desilogizadores. Y dentro de esta extensa categoría esta la forma artística: la unidad estética mínima de movilidad pura registrada. Esta unidad puede afectar a la organización social de tres maneras:
- No la elimina ni se reproduce lo que demuestra la vigencia o juventud del organismo y su capacidad sintética plena. Status quo.
- No la elimina pero se reproduce, y por tanto conviven a partir de ese momento en el organismo una serie de procesos analíticos y sintéticos simultáneos: las reformas.
- La elimina y se reproduce, con lo que genera una verdadera revolución y se destruye el núcleo duro a través de procesos analíticos continuos.
Tras este breve recuento debo agregar que este esquema no está exento de un grado superlativo de abstracción pero que ejemplifica claramente el crecimiento, apogeo y decadencia de un sistema social de cualquier tipo. Los periodos 1 y 3 son de escasa duración y en determinados organismos casi inexistentes, mientras que el 2 esta sujeto a una cantidad considerable de agentes que lo hacen mucho más problemático e interesante. Es justamente la edad de los acuerdos pactados, de las relaciones imposibles.
Diría simplemente, de todo lo anterior, que es el paso (en clave biológica) del logos platónico al mythos de la revolución. Y viceversa.

Dicen que dicen... los cuenteros


Un dato:

"El Instituto Cultural Peruano Norteamericano, como parte de su labor educativa y cultural, organiza el I Encuentro Internacional de Narradores Orales denominado Bendita sea la palabra, que se realizará del 23 al 27 de junio, con el objetivo de revalorar y difundir las manifestaciones artísticas de la narración oral, ofreciendo a la vez espacios especializados de opinión, debate y pensamiento crítico para aplicar esta técnica como recurso pedagógico.En este evento, dirigido a docentes, bibliotecólogos, artistas y público interesado, participarán reconocidos narradores internacionales como Carlos Genovese (Chile), Diana Tarnofky (Argentina), Nire Collazo (Uruguay) y Oskar Corredor (Colombia), así como destacados exponentes del medio local.Durante el Encuentro se desarrollarán espectáculos de Narración Oral así como talleres de técnicas de narración, a cargo de los invitados internacionales, que tratarán el tema desde múltiples perspectivas y de acuerdo a su experiencia profesional.A los espectáculos y talleres se suma una programación de conversatorios y mesas redondas, con el objetivo de intercambiar ideas y perspectivas sobre la narración y su aplicación en los diversos espacios educativos y artísticos".

Lo recomiendo y no porque uno de mis ex-profes vaya ha hablar en uno de los conversatorios (lo descalifico rotundamente) sino porque fui el día martes (ayer) a la noche inagural y me pareció que los participantes tenían muy buen nivel. Sobre todo, Miguel Figueroa "el Yana" quien me hizo acordar a un amigo llamado Omar de la universidad. Eran como dos gotas de agua (psicológicamente hablando).

Aquí un link:

lunes, 22 de junio de 2009

De imposturas y aposturas

Tenía que hablar sobre los "emos". ¿Por qué? No tengo ni pizca de certeza. Todo es tan esquivo. Las explicaciones lo suelen ser: una caricatura, el motor. El gran Alberto Montt lo puede explicar mejor que yo:

Bueno, esto me dio para pensar si es que realmente no padecen de algún mal congénito estos malhadados chicos. En fin, creo que es poco relevante si sí o si no. Que vivan como les plazca. Si hasta literatura tienen (Elizabeth Meyer) y ya han salido peliculas. Hablando de eso, la otra vez vi la primera de ellas en casa de alguien cuya identidad no quiero revelar para no complicar su situación social. Nadie sonreía. Y no me digan que son como esas pelis de los asíaticos que ya tienen versiones latinoamericanas, francesas y españolas donde esto responde a fines más interesantes. Pose, fría y barata, eso es. Aquí les dejo una divertida parodia:


Aun hay salvación:

Hace unos días, en lugar de leer en mi casa como un niño acomedido, me fui por el Centro a ver una exposición en la Casona. Era de retratos. Gente distinguida la que había pasado por los claustros sanmarquinos durante cinco siglos (XVI-XX). Fray Tomás de San Martín, Gregorio Martínez Ronceros, Pedro Bravo de Lagunas, Pedro de Oliveira, Antonio de la Cueva, Diego Montero del Águila, José Baquijano y Carrillo de Córdova, etc. Ante ellos me sentí pequeño, absurdo y poco serio, poco importante. Me sentí humilde. Y ante la universidad mucho más. Fue uno de esos escasos momentos en los que me da por amar apasionamente a San Marcos, como institución, como símbolo, como madre. Sé que el tono de estas palabras no va de acuerdo con lo habitual pero es la verdad. Y tuve esperanza, mucha en que algún día desparecerían los emos y sólo tendríamos a gente de inestimable y rotunda profundidad, otra vez.

lunes, 15 de junio de 2009

Adios Ayacucho.

A modo de apunte rápido.










Estoy yendo demasiado al teatro.
¿Ayacucho no era algo así como valle de muertos?

domingo, 14 de junio de 2009

Pequeño esbozo sobre el arte de nuestro tiempo

«La diferencia entre una acción básica y un mero movimiento corporal tiene muchos paralelismos en las diferencias entre obra de arte y mera cosa […] Una acción sería un movimiento del cuerpo más “x” […] una obra de arte sería un objeto material más “y” […] Un objeto material (o artefacto) se dice obra de arte cuando así se considera desde el marco institucional del “mundo del arte” ».

A. Danto

Si durante todo el tiempo que el arte tuvo una significación histórica, aquellas manifestaciones que fueron reconocidas como parte de él poseían un elemento que las diferenciaba de las demás acciones o artefactos, entonces lo más lógico es suponer que dicha propiedad común en todas ellas (sincrónicamente), pero variable en el transcurso del tiempo (diacrónicamente) fuera una simple –a la par que compleja- «convención».
Analizar el carácter de dicha convención resulta mucho más interesante que etiquetar al conjunto de propiedades que hicieron de determinadas manifestaciones artísticas. Además de ser esto último una tarea casi imposible, resultaría redundante e inútilmente larga, tomando en cuenta que esta propiedad y no sólo ha variado con el tiempo, sino también con el lugar donde se situó la producción, sin contar a su vez que en un mismo espacio geográfico (cultural, social y económico) coexistieron diversas posturas estéticas, a veces en abierto conflicto entre sí y que enarbolaron ideas bastante disímiles sobre el arte en general y, en un campo de mayor complejidad, en asuntos particulares y concretos.
En primer término, toda convención ha intentado darle una coherencia interna a la producción artística de su tiempo –creando un «meta-texto»- y lo que es más audaz, ha tratado de justificar la historia del arte como necesaria de sus actuales manifestaciones. Es decir, toda convención –incluida la que presento en este «texto» y que aspira a ser el embrión de un meta-texto futuro- ha sido, desde siempre, el-fin-del-arte para sus fieles acólitos, que han imaginado en la secuencia aleatoria de algunos acontecimientos anteriores–porque la visión humana es parcial por antonomasia- los gérmenes predecesores de las actitudes recientes y, por qué no -razonan- de las futuras.
En segundo lugar, toda convención ha sido legitimada por un sector determinado (y determinante) de las sociedades que ha tenido el dominio social, cultural, político, jurídico, religioso, administrativo, moral y, sobretodo, económico permitiéndole imponer su propio sistema de símbolos como auténticos, ejerciendo así una especie de dictadura de los significados. Los sacerdotes y magos en la antigüedad, el clero y la nobleza en el medioevo, la burguesía y el proletariado en la modernidad, han detentado el poder eficiente –y suficiente- como para imponer sus códigos y costumbres a resto del engranaje social que controlaban. He ahí el carácter antidemocrático del arte del que habla Danto en sus escritos.
Por lo tanto, de las conclusiones anteriores se puede deducir que la naturaleza de la convención es «paradigmática». Esto es, funciona como un modelo referencial del mundo de los valores estéticos que le otorga intencionalidad al arte en general y a sus modos de manifestarse, en particular. El corpus de obras heterogéneas de un periodo y espacio delimitados nunca es uniforme (por más que se descubran ciertas influencias comunes en los artistas y creadores) dado que está mediada por la conciencia y la materialidad del ser individual –única e irrepetible hasta para él mismo por su profunda realización contingente- y, por eso, las agrupaciones semióticas que detentan el poder buscan encausarlo nivelando la disparidad de sus elementos formales (o compositivos). Se crean las Academias o, más espontáneamente, la Tradición, ambas con las mayúsculas que representan el respeto ante lo conocido, lo artesanal y el miedo ante lo novedoso, lo original. Así las convenciones formales, a través de la imitación repetitiva, le otorgan una significación propia a los modelos imperantes, haciéndoles creer a las pálidas conciencias de los consumidores (y espectadores) que dichos productos estaban orgánicamente construidos por esas intenciones.
Cabe reprochar a mi presente exposición el hecho de que el Arte no fue dirigido en todo momento al consumo masivo. Creo que está tesis no presenta la solidez necesaria y que ha sido falsamente enarbolado por cierto grupo de falsos conocedores de lo bello y puritanos del gusto que a todas luces no pasan de ser decrépitos atesoradotes de asépticos recuerdos. Sí atendemos a los diferentes medios por los cuales –como ellos llamarían- se vulgarizaron varias expresiones elevadas y que fueron muy conocidas y populares en las capas deprimidas de las sociedades, yendo desde la moda hasta la publicidad, pasando por la jardinería o los bailes, cada uno de los elementos paradigmáticos (o arquitectónicos en la terminología bajtiniana) fue trasplantado como un injerto en la tierra fecunda del vulgo gracias a operaciones sencillas de reacomodo compositivo hasta conseguir su adaptación satisfactoria con el nuevo medio.
Las castas, que han sido rebautizadas innumerables veces –y que actualmente se llaman críticos y especialistas- controlaron el estructural ámbito de la-creación-y-consolidación-de-convenciones-artísticas. Sin embargo, con el advenimiento de la post-modernidad y la disolución de las instituciones que detentaban dicha preeminencia, su poder ha menguado hasta desaparecer, aparentemente. Ahora, el arte está en todos lados y se escribe –por fin- con minúsculas, sin respeto ni miedo. Es más, ha potenciado su discurso confuso y paradójico en detrimento de ese cariz totémico que le otorgaban nuestros antepasados occidentales. Innovadores modos de producción (o poéticas en sentido platónico) han conseguido el preciado rotulo de «artísticas». Y nada más predecible en medio de lo que los teóricos han llamado desde los noventa la «sociedad de la información» que vive inserta desde el 2000 en la «aldea global» y que ya no es ese espacio físico en el tiempo, sino más bien una virtualidad intemporal y cuasi-eterna. El proyecto o intención que se le quiso imponer a este no-lugar fue el de ente democratizador del conocimiento, pero al final de cuentas ha ocurrido lo mismo que en otros casos similares (como durante la revolución de la imprenta y la sociedad escritural que nació de ella). La información –que jamás se transformó en conocimiento- y sus herederos –los tecnócratas y profesionales multidisciplinarios- son los que poseen la capacidad para crear las convenciones del milenio que se inicia. Ellos nos han metido en la cabeza el paradigma de la «diversidad» que no es más que el intento abarcador y totalitario de absorber lo desconocido hasta hacerlo familiar e inofensivo. No habrá ya más cosas que nos asombren en el mundo, dicen. La idea que propagan (peligrosamente) no está restringida por una «propiedad y» a la que se le otorga un grado de intención a posteriori, sino por una «intención y» a la que se le regala a priori la propiedad (indiferenciada y ambigua) de artística.
¿Cuál es el futuro de un arte de esta naturaleza? Su indiferenciación completa. El punto en el cualquier gesto, movimiento o mancha, intencionada plenamente, sea considerada el más sublime de los picos del arte.

jueves, 11 de junio de 2009

Sobre Evangelina y las "buenas nuevas"


Debo confesarlo, no todo es lo que parece, y mucho menos es lo que pretende ser. La otra noche fui a ver en la Ruiz (ojo, no doy más datos porque no me auspician) la presentación de un unipersonal interpretado por -como decía el afiche- "la primera actriz y dramaturga"

Delfina Paredes
en
Evangelina retorna de la Breña

Ya intuirán que con tales letras uno no podía esperar nada malo. La verdad no lo fue. Pero siendo sinceros tampoco fue nada extraordinario. Un esfuerzo más, como tantos. Y muchos me dirán que no siento la compenetración histórica de la actriz y del personaje. Pues no y la banderita tampoco la debe haber sentido. Soy postmoderno, una pose. Lo sé. Qué más da. Lástima. Como por lo que ocurre ahora en el norte. Bah. Mátenme si quieren pero el mundo ya no vive a la vuelta de la esquina. Y las causas de todo esto no están ni aquí ni allá; sino, y como fue desde siempre, en el más allá (entendido como la red de tele-comunicaciones que a su vez manda mensajes con fuerte contenido tele-informativo y que debe asumir su responsabilidad tele-moral). Así que dejemonos de discursos serios. ¡Que vivan los "neocolónidas"!