El trípode de Helena es un blog personal, es decir, yo soy el único que escribe en él. En la parte superior de la columna derecha, verán mi retrato y debajo una descripción fantástica (curiosamente muy real) de mi carácter. Todo junto es Bisutería barata... A continuación, en Oropel imperial están organizadas las entradas según los temas recurrentes. Lo que hay es simplemente el fichero del blog. Siguen dos listas: Cinefilia y Bibliomanía, cuyos fines son fáciles de suponer. Luego, otras dos secciones Hits del blog y De uno en uno cuyas funciones están (para variar) demás definir.
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jueves, 2 de abril de 2009

Hubo un tiempo que fue hermoso... (II)

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Y después, vinieron las confesiones.

Una excursión a los inviernos, en pleno verano.

El Confesiones de invierno (1973) ve la luz en un momento álgido para Argentina. El peronismo había vuelto a pesar de las experiencias pasadas y una especie de democracia popular con tintes demasiado optimistas hacia de aquel país tierra de cultivo para futuros militarismos. Sin embargo, la libertad había renacido en las calles y, con ella, la violencia, la verdadera violencia, aquella que cuestiona y revuelve todo.

Para Sui, el Confesiones fue otro peldaño en su evolución artística… había corrido mucha más agua bajo el puente de la música local e internacional. Basta con decir que ese año salieron el Artaud de Spinetta y The Dark Side of the Moon de Pink Floyd. Con ellos, el encumbramiento del rock progresivo acústico y eléctrico. Esto último, aunado a los nuevos aires de la sociedad argentina, más libre, hicieron del Confesiones el único disco optimista de Sui Generis, el más exitoso y desde luego, a mí modo de ver, el más cándido. En el fondo, Charly aún no experimentó como quería; y como él mismo explicaría después, no lo hizo porque se sintió comprometido. Felizmente, en el siguiente disco, renegó de aquellos temas ya caducos y atacó el germen, las instituciones, pero eso lo veremos la próximas vez.

Ahora metámonos al disco.

La canción del éxito. El testimonio post-boom. La gloria y la fama. Me recuerda a aquel tema de Héctor Lavoe en el que habla de él mismo. “Cuando ya me empiece a quedar solo” es eso. Pero también es un registro. Es un catálogo de lo que dos muchachos de poco más de veinte años sienten en medio de tanta gente… Emparentada profundamente con “Rasguña las piedras”. Es un simple tema-inventario. Sino contemos los objetos: cigarrillos, gatas, escenario, libro, dibujo, televisor, radio, ventanas, cama, diarios, flor, voces, manos, fantasma. La descomposición de un cuadro cubista. Eso es, es la vida observada desde múltiples ángulos.
Sea esa su única y gran virtud.

“Bienvenidos al tren” una de sus grandes hits, creo que hasta se la pidieron a Charly cuando Seru Giran salió en un recital a presentar su primer disco y no gusto. Tema parecido a “Toma dos blues” del disco anterior, pero más monótono y simple musicalmente hablando. Con un verso particularmente desafortunado:

Si yo no te río, pues bien matame,

Lo único que la salva son algunas reminiscencias al tropo del camino, lugar de encuentro, tiempo de aventura y prueba. Como en la novela griega antigua, en la bizantina del medioevo y en la de la Beat Generation; termina siendo una versión amena de On the Road (1957).

Verdadero tema entrañable, verdadera obra de arte poética, cerrada y perfecta. Es tan limpia y pura que parece muerta. Es de hielo y bella, qué bella; “Un hada, un cisne” lo tiene todo, una flauta dulcísima y un ritmo que pasa del folk al jazz en menos de un minuto, una de las interpretaciones menos arrogantes y más acordes con la intencionalidad del tema y un contenido tan de cuento escandinavo, tan de tradición nórdica que bien podría estar incluida en medio de alguno de esos ciclos legendarios.

Un hada se miraba
En el lago a la mañana
Sus lágrimas caían
Y su imagen destruía

Ella quería amar
A un cisne de agua y sal
Ella quería volar
Junto al cisne hasta el mar

(Una recomendación: es imperdible la versión en vivo que hizo Sui de esta canción en uno de sus conciertos de despedida (1976). Dura más de veinte minutos).

El tema homónimo al nombre del disco es desde cualquier juicio valorativo, invalorable. Noto, eso sí, algunas reminiscencias con “...De cartón piedra” sacado en el Álbum Blanco (1970) de Serrat. Un amor imposible, la incomprensión de los demás, el encierro, la locura. Sino, comparemos las líneas finales de ambos:

Hace cuatro años que estoy aquí
y no quiero salir.
Ya no paso frío y soy feliz
mi cuarto da al jardín.
Y aunque a veces me acuerdo de ella
dibujé su cara en la pared
solamente muero los domingos
y los lunes ya me siento bien...

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Y entonces llegaron ellos.
Me sacaron a empujones de mi casa y me encerraron
entre esas cuatro paredes blancas, donde vienen a verme
mis amigos de mes en mes...de dos en dos...
y de seis a siete.

No hablo de una influencia, sino de un modo de ver las cosas… una juventud incomprendida que ya no pelea contra los militares ni contra los ultras, sino contra el sistema, contra la forma de vida. Contra la esencia.

Experiencia traumática del vocalista como la que motivo a Fito a componer todo aquel álbum temático llamado Ciudad de pobres corazones (1987). “Rasguña las piedras” es un tema rimbombante, lleno de trompetas y platillos. Es un tema himno, un tema-para-ser-cantado. Es el fantasma que está cuando uno se empieza a quedar solo. En realidad, las piedras no son piedras, son el inventario, lo que se debe rasguñar, partir, quebrar, es esa manera de ver las cosas inventariando; inventariando a los amigos, los amores y, desde luego, los años. Para llegar, sin nada de eso, al otro o a uno mismo.

Y por fin veo tus ojos
que lloran desde el fondo
y empiezo a amarte con toda mi piel.
Y escarbo hasta abrazarte
y me sangran las manos
pero qué libres vamos a crecer

“Lunes otra vez”, un folk simple y sencillo. Es la contrapartida natural del tema anterior. Inaugura la parte más sería del disco de una manera light. Canción sin moraleja pero seria. Veremos luego otra con moraleja y sería (“Aprendizaje”), otra sin moraleja e irónica (“Mr Jones, o pequeña semblanza de una familia tipo americana”) y una última con moraleja e irónica (“Tribulaciones, lamento y ocaso de un tonto rey imaginario, o no”). Por eso voy a hablar de las cuatro a la vez. Porque estás forman una unidad temática muy interesante.

La primera del grupo habla sobre el proceso deshumanizador del trabajo, la inserción del hombre a la vida laboral y por lo tanto a la vida burguesa o proletaria, según su situación. Va en contra de la rutina y lo establecido. Comienza a tocar el problema pero sólo las consecuencias:

Lunes otra vez, sobre la ciudad
la gente que ves vive en soledad
siempre será igual, nunca cambiará
Lunes es el día triste y gris de soledad.

La segunda ya comienza a vislumbrar las raíces, y claro, la raíz principal, la educación. Para que la gente viva así tiene que haber sido entrenada, adiestrada para ser "contranatural":

Aprendí a ser formal y cortés
cortándome el pelo una vez por mes,

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Y tuve muchos maestros
sólo conocían su ciencia y el deber
nadie se atrevió a decir una verdad,
siempre el miedo fue tonto...

Pero la moraleja está en no repetir aquella mala instrucción en los que vendrán, en los hijos:

Y el tiempo traerá alguna mujer
una casa pobre, años de aprender
como compartir un tiempo de paz,
nuestro hijo traerá todo lo demás.
El tendrá nuevas respuestas para dar.

Porque si lo haces podremos generar las típicas familias disfuncionales norteamericanas, y protagonizar escenas como está:

Y Mr Jones trabajaba
y su esposa asesinaba
y los chicos correteaban por ahí.
Se comían los pajaritos,
los perros y los gatitos
y otros bichos que vagaban por ahí.

Y con esas familias formar pueblos enfermos y corruptos. Sin embargo, si hacemos lo contrario seremos capaces de enfrentar la tiranía. Derrocar al rey, al demagogo que vive en su palacio:

Yo era el rey
De este lugar
Vivía en la cima
De la colina
Desde el palacio
Se veía el mar
Y en el jardín
La corte reía

A todas luces, un mensaje optimista… pero la pregunta es si después de entonar Revolución, revolución, se habrá apaciguado al monstruo lo suficiente. A ese ser cruel que desde la colina, baila desnudo y espera:

Yo era el rey
De este lugar
Tenía cien capas
De seda fina
Y estoy desnudo
Si quieren verme
Bailando a través
De las colinas.

Si no, retornará.
Continuará

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