El trípode de Helena es un blog personal, es decir, yo soy el único que escribe en él. En la parte superior de la columna derecha, verán mi retrato y debajo una descripción fantástica (curiosamente muy real) de mi carácter. Todo junto es Bisutería barata... A continuación, en Oropel imperial están organizadas las entradas según los temas recurrentes. Lo que hay es simplemente el fichero del blog. Siguen dos listas: Cinefilia y Bibliomanía, cuyos fines son fáciles de suponer. Luego, otras dos secciones Hits del blog y De uno en uno cuyas funciones están (para variar) demás definir.
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En fin, los saludo y les exijo que si tienen algo que decir, sea para bien o para mal, háganlo escribiendo algún comentario.

martes, 17 de marzo de 2009

Hubo un tiempo que fue hermoso... (I)


Todo comenzo con la vida.

Con Vida (1972), el primer LP de Sui Generis y terminó... nunca, porque sigue, crece y fructifica. Pero vamos a ponerle un punto final, para poder restringir lo que voy a escribir sobre toda una década (1972-1982). Voy a hablar de una persona, del señor Charly García. Y de un estilo, un proyecto, una evolución. Tal vez una de las más ricas de toda la historia de la música popular latinoamericana. En Argentina y durante diez años, Charly explotó todos los géneros, todas las formas y todos los contenidos. Unió los aspectos éticos del acontecimiento y del hecho con los puramente cognitivos de los compases, las escalas y, sobre todo, de la cultura pop. Así nació un discurso polifónico y nuevo, repleto de matices interesantes, pero a la vez, periférico y juvenil. Un discurso que refractó las intenciones del Mayo frances a través de la óptica sudamericana, repleta de dictadores, clases rígidas e hipócritas, solares carcomidos y emergentes grupos sociales marginales.

Así nació Vida y Sui Generis. Pocas personas se preguntan el porqué de los nombres de los grupos de rock o pop, en el caso del dúo formado por Nito Mestre y Charly, la respuesta cae por el propio peso de los hechos; era el ambiente, el aire que olía raro, seguro... a pólvora. La Revolución Argentina (1966-1973) es el campo de cultivo para las preocupaciones e insatisfacciones de toda la subclase juvenil-adolescente de aquellos años. La creciente violencia político-militar y el aumento de las protestas civiles y estudiantiles a imagen y semejanza de las desarrolladas en París, Praga y México D.F. fueron los detonantes de la agitación y la efervescencia en la que vivían los hippies de la época. Eso por el lado ético, es decir, moral, religioso y social.

La historia tiene un equivalente cognitivo; los nuevos símbolos. La imágenes revolucionarias auténticas: el Che, la Revolución Cubana, las nuevas drogas, la Libertad sexual, la Liberación femenina, el existencialismo, los movimientos espirituales New Age. Todos importantes. Y en el plano musical, dos grandes influencias: la Nueva trova cubana y la Música beat (heredera de la Beat generation y del rock and roll). Estos modelos van a emerger junto a dos figuras importantísimas de la música en nuestro idioma: Víctor Jará y Violeta Parrá. De este modo en Argentina, cual reflejo natural, salió toda una generación de leyendas de la música de autor: Mercedes Sosa, Lito Nebbia, León Gieco, Raúl Porchetto, Moris, y, por supuesto, el ya mítico Tanguito.

Pues bien, de ese amasijo disforme, de todas esas corrientes que se cruzaron y entrecruzaron hasta hacerse inseparables, de Dios y el Diablo, emergieron los dos pilares del rock argentino: Luis Alberto Spinetta y Charly García. Y de estos a su vez otros tres grandes, los herederos del Imperio: Andrés Calamaro, Fito Páez y Gustavo Cerati. Cada uno desarrollo y amplio un modo diferente de componer y escribir, de estar y de ser, pero en esencia, no inventaron casi nada. Porchetto tuvo el look de Dylan mucho antes que Andrés, el Charly de Sui era parecido al Paéz del primer disco aunque más melódico, y Spinetta experimentó, y sigue haciéndolo, desde antes con lo electrónico que Cerati. Por eso cada uno de ellos reconoce sus propias filiaciones y las honra y respeta. Esa es la clave del rock argentino hasta antes del 2000, el respeto a la Catedral que se había construido detrás de uno. Digamos que se desconocía el parricidio.



Y ahora viene lo bueno, vamos a tocar los discos. Hoy comenzaremos con Vida (1972).

Es curioso que la primera canción de un disco que se llama Vida comiencé con un tema titulado "Canción para mi muerte". Y que tenga en medio una estrofa como esta:



Es larga la carretera
cuando uno mira atrás
vas cruzando las fronteras
sin darte cuenta quizás.
Tomate del pasamanos
porque antes de llegar
se aferraron mil ancianos
pero se fueron igual.



Es en el fondo la canción de alguien que esta cansado de vivir, es por eso pesimista. No hay ni una pizca de ingenuidad en ella. Es una elegía. Habla sobre lo efímera, lo cruel y pasajera que es la vida. Es por eso que esta llena de necesidades. Y la necesidad más grande es la mujer para el hombre, es el amor de la unión. Por eso "Necesito" cae como anillo al dedo. Sobre este tópico vuelve Charly én la siguiente canción, pero con el agregado del desengaño:



Un día descubrí que empezaba a crecer
reí, lloré y creí.
De pronto fui un varón que no tenía mujer
y quise poderla conseguir.
¡Que tonto fui! Se rio de mí.



Pero el yo ha madurado y puede ver el lado irónico de todo eso para continuar diciendo:



Y qué iba a hacer, me reí también.



Sin embargo, "Dime quién me lo robo" es más la alegoría de la perdida de la fe y del ostracismo. Luego, una pausa, la primera del disco: "Estación"; bello poema que vale la pena trascribir completo. Juega con la idea de lo público y lo privado, lo tierno y lo salvaje, lo ideal y lo temporal. Es el reflejo de las contradicciones del momento, de una sociedad que empieza a abrir las puertas que ocultaban sus sentimientos, que se aleja de los tabués, que nace de verdad:



Todos sabemos que fue
un verano descalzo y rubio
que arrastraba entre los pies
gotas claras de mar oscuro.
En el pecho dos médanos eternos
y en los ojos un cielo transparente
que miraba detrás del sol
serena y furiosamente.
Quizás sepan que tenía
una eterna compañera
que reía y se entragaba
desnuda sobre la arena
que volaba cuando estaba en algún sueño,
para despertarse dentro de su dueño,
al que le daba su amor
hermosa y salvajemente.



Así la máquina entra en movimiento porque se va el tren, se va lejos... "Toma dos blues" es eso, el proceso dinámico del tiempo, son los aires de libertad que se respiran, la condición nueva del hombre en medio de la sociedad, pero, es también, la canción más oxidada del disco. Un blues que nos muestra más el virtuosísmo interpretativo de dos chicos que sus intenciones.

"Natalio Ruiz, el hombrecito del sombrero gris" y "Mariel y el capitán" son dos temas excepcionales porque comienza a penetrar el discurso de los otros en el discurso del yo que nos cuenta esas historias, esos discursos situan históricamente al disco, lo hacen ser parte de una ideología (la de la clase burguesa de los setenta de los señores y señoras bien) y dialogar con ella irónica o paródicamente. Basta con estos ejemplos:



Dónde estás ahora, Natalio Ruiz
el hombrecito del sombrero gris?
Te recuerdo hoy, con tus anteojos,
¡que hombre serio paseando por la plaza!


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El consorcio festejó y del capitán se habló
y las damas satisfechas sonrieron
pero el capitán faltó y a la reunión no asistió
era natural estaba con Mariel
¿a dónde estaba él?



"Amigo vuelve a casa pronto" retorna al registro de la confesión y el diálogo de las anteriores canciones y sirve para confirmar lo dicho sobre el contexto socio-cultural:



Tus palabras ya son muy lejanas
y tu voz de paridad se va,
amigo mío, vuelve a casa pronto
cuentame todo, cambiame todo,
necesito hoy tu resurrección,
tu liberación,
tu revolución.



"Quizás porque" esta construida a modo de serenata y juega con eso desde el inicio:



Quizás porque no soy un buen poeta
puedo pedirte que te quedes quieta
hasta que yo termine estas palabras.



Imita el estilo del trovador medieval y juega con los personajes propios de dicho modelo y tiempo: el poeta, el pintor, el soldado, el noble y el comerciante. Pero al final de cuentas, el trovador (como el tonto, el bufón y el pícaro) es un desclasado y no es nada, y desde ese lugar tiene mayores cosas que ofrecer porque es la voz que critica el orden convencional de las cosas:



Quizás porque no soy nada de eso
es que hoy estás aquí en mi lecho.



Y aquí viene lo más interesante. Dijimos que el disco comenzaba con "Canción para mi muerte" y ahora termina con "Cuando comenzamos a nacer". Es una inversión del tiempo cronologíco y biológico normal. He aquí el porqué digo que el disco responde a una intención y está ordenado adrede bajo determinados parámetros. Lo que anteriormente fue asimilado sin consecuencias ahora es sopesado con el pesimismo del neonato. Es una gran Contra...



Contra los sueños y las fantasías:



Cuando comenzamos a nacer,
la mente empieza a comprender
que vos sos vos y tenés vida.
Que poca cosa es la relidad
mejor seguir, mejor soñar
que lo que vale no es el día.
Pero el sol está,
no es de papel, es de verdad.



Contra la ingenuidad:



Tenés una boca para hablar
y comenzás a preguntar
y conocés a la mentira.



Contra la aventura y la vida hippie:



Con tus piernas vas a caminar
y te comienzan a encerrar
y te quedás con tu rutina.
¿Y qué vas a hacer?
Uno se cansa de correr.



Contra el amor irresponsable y el amor loco:



Llenas tus valijas de amor y te vas
a buscar el cuerpo de una mujer
y descubrís que amar es más que una noche y juntos ver
amanecer.
Poco a poco vos te conformás
si no es amor es tuya igual
y vos le das lo que te pida



Contra la vida auténtica:



pero si te ofrecen el final dirás:
igual me he de quedar,
porque soy yo, porque es mi vida.



El "Posludio" que cierra el disco, parodia compositiva del preludio abierto y libre, es el simbolo de interrogación para una pregunta abierta: Si la vida es esto ¿vale la pena seguirla padeciendo?

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