El trípode de Helena es un blog personal, es decir, yo soy el único que escribe en él. En la parte superior de la columna derecha, verán mi retrato y debajo una descripción fantástica (curiosamente muy real) de mi carácter. Todo junto es Bisutería barata... A continuación, en Oropel imperial están organizadas las entradas según los temas recurrentes. Lo que hay es simplemente el fichero del blog. Siguen dos listas: Cinefilia y Bibliomanía, cuyos fines son fáciles de suponer. Luego, otras dos secciones Hits del blog y De uno en uno cuyas funciones están (para variar) demás definir.
Si a alguno de ustedes le intriga el título del blog, de click aquí o busque la respuesta en el "oropel" de Relatos. Si están interesados en descubrir más acerca de la sugerente imagén del encabezado, entren aquí o revise la primera entrada del "oropel" Pintura.
En fin, los saludo y les exijo que si tienen algo que decir, sea para bien o para mal, háganlo escribiendo algún comentario.

martes, 16 de octubre de 2007

"Los siete sabios" de Laercio (II)

Canto segundo: Bías

Después de algunos días de viaje, Tales llegó a Priene, y cuando cruzó el umbral de la casa de su maestro, lo encontró reunido con una comitiva de modestos hombres de Zancle (Messina). Bías recibió a su querido discípulo y trató de ocultar el motivo de la entrevista. Sin embargo, uno de ellos emocionado apaciguó las inquietudes de Tales: tiempo atrás, unos piratas fenicios habían secuestrado a sus hijas, cuando arrivaron con su infame mercancía a la ciudad, el benévolo anciano pagó por la libertad de todas ellas, y no satisfecho con eso, se encargó de educarlas. Los agradecidos padres, enterados de lo sucedido, habían resuelto emprender la travesía a través de las peligrosas aguas del "Gran Mar rodeado de tierra" desde las costas de Trinacria en la Magna Grecia.
Al escuchar la profecía del trípode, los peregrinos extranjeros y los respetables naturales de la ciudad, llamaron a asamblea a todo la población. Allí, llegaron a la conclusión de que Bías era "el más sabio de todos los hombres de la tierra", pero el ensalzado declinó de tan gran honor; y una vez terminadas las celebraciones del reencuentro entre los padres y las hijas, zarpó en una pequeña embarcación al lado de su antiguo aprendiz, con el armatoste en el morral, rumbó a la isla de Lesbos.

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