Y uno mismo se pregunta, ¿hasta cuándo?. La respuesta parece venir con ecos biológicos. Hasta la muerte y más allá, como las Memorias de Ultratumba que se llevó mi abuelo. Y para colmo de males mi tío Miguel tiene un hijo al cuál bautizó bajo el-nom-bre-de-Mi-guel. Y el bebe decía agu, agu, guel, mi, agu, guel, agu. Y yo tratando de refrenar lo irrefrenable.
El lunes (ayer) caminado por el cordón de la vereda y arriesgando -hay que decirlo- mi vida adrede, en busca del cielo y del infierno como se suele poner en las novelas beat, me topé con la programación de uno de esos dichosos cine-clubes, entré a ver una película de Rohmer -que por cierto me gustó mucho porque hablaba de jansenistas y jesuitas y Pascal y el amor y el sexo y eran mis temas favoritas y las luces apagadas y ese adormecerse de la pierna derecha mientras miro de reojo un brazo, una mano, un clausurar de parpados soñolientos-. Me fui al terminar de leer los créditos (o no había créditos), y saliendo una voz que no había escuchado desde el Festival de Cine Europeo me hizo torcer el pezcuezo. Allí estaba el freak con la mirada hacia el piso, casi balbuciando, temeroso. Caminamos unas cuantas cuadras, él me contó -como Jean-Louis Trintignant- que también paraba a chicas que no conocía en la calle y yo le dije que eso sólo lo hacía la gente más extraña y que estaba mal y que yo le tiraría una tropada sí fuera mujer. La conversación terminó en una de las mesitas verdes de un supermercado. Comiendo pan remojado en yogurt hablamos un poco del clíma, de religión, de política y de otras temas insignificante. Pero, lo peor fue cuando una chica del Magis pasó con una amiga suya. Instantaneamente me dí cuenta de que no recordaba el nombre de mi interlocutor y me dió pena preguntarle -sobretodo porque él lo había repetido varias veces-, me oculté inútilmente, ella me reconoció, se acercó y me saludó -todo de golpe-, luego me presentó a su amiga y yo no pude hacer lo propio. ¡Qué descortés!
Me largué con una sensación de vacio mental incurable. Mi karma, sí, me dije.
Nota de hoy (martes): Para variar me encontré en el cine y en la misma cola -Tim Burton´s film- con Falun Dafa y Mapi-Miau. Cosas que uno no puede creer, cosas que uno no debe creer. Dignas de un musical y mucha sangre. Al menos me colaron. Lamentablemente, al Dafa le terminó dando una indigestión de violencia.