El trípode de Helena es un blog personal, es decir, yo soy el único que escribe en él. En la parte superior de la columna derecha, verán mi retrato y debajo una descripción fantástica (curiosamente muy real) de mi carácter. Todo junto es Bisutería barata... A continuación, en Oropel imperial están organizadas las entradas según los temas recurrentes. Lo que hay es simplemente el fichero del blog. Siguen dos listas: Cinefilia y Bibliomanía, cuyos fines son fáciles de suponer. Luego, otras dos secciones Hits del blog y De uno en uno cuyas funciones están (para variar) demás definir.
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jueves, 29 de enero de 2015

Lima y las "otras ciudades del desierto"



El autor


«La obra trata sobre la aparición de la humildad en la naturaleza humana y lo vital que es», confesaba en una entrevista el dramaturgo y guionista californiano Jon Robin Baitz (1961) a propósito del inicio de la temporada, en el circuito de Broadway, de Otras ciudades del desierto (Other Desert Cities), en noviembre de 2011, en el Booth Teather de Nueva York. La obra había sido estrenada el 13 de enero del mismo año, en el Mitzi E. Newhouse Theater del Lincoln Center, y había recibido la unánime aclamación de la crítica. Robin había pensada titularla originalmente Amor y compasión (Love and Mercy); pero, felizmente, encontró un mejor título en uno de los parlamentos de su protagonista: «A veces veo un cartel que dice que si sigo de frente, llego a otras ciudades del desierto y quiero continuar hacia allá».

La obra es un drama familiar que trata sobre el retorno de una hija pródiga, Brooke Wyeth, a casa de sus padres en Palm Spring, durante las fiestas navideñas, después de varios años de ausencia debido a su internamiento en un centro de rehabilitación psiquiátrico. Ella ha escrito un libro de memorias, Amor y compasión, luego de seis años de bloqueo creativo, sobre el suicidio de su hermano mayor, un episodio tabú de su familia, y va a visitarlos para prepararlos por su próxima publicación. Allí se encuentra con su padre, un antiguo actor de películas de serie B de la época dorada de Hollywood, quien luego fue secretario general del Partido Republicano y embajador durante el gobierno de Bush padre; su madre, una mujer de temperamento fuerte y autoritario, guionista de las películas en las que actuaba su futuro esposo; su tía, antípoda de la anterior a pesar de ser su hermana, alcohólica y liberal; y su hermano menor, joven productor de un exitoso reality en la televisión, despreocupado y hedonista.

«Para perdonarte a ti mismo, tienes que reconocer todas las cosas que no conoces y todas las suposiciones que en base a esa ignorancia, has hecho», comenta Robin. El centro de la obra está contenido en esa sentencia. Otras ciudades del desierto nos muestra la madurez dramatúrgica del autor, que ya había trabajado los conflictos familiares en piezas anteriores; pero que, además, había sido uno de los productores de Brothers & Sisters (2006-2011), exitosa serie producida por la cadena ABC, y que trataba sobre los secretos guardados por un padre muerto. Por ello, esta obra tiene una significación especial en su carrera. Con ella, Robin retorna al mundo de las tablas, y lo hace con una fuerza y urgencia contundentes.  


El director

«Son cinco actores en escena todo el tiempo. Después de tantos proyectos complicados quería hacer algo con pocos actores y en un espacio», dice Juan Carlos Fisher, responsable de la próxima puesta en escena de la obra de Robin, a partir del 29 de enero, en el Teatro La Plaza de Larcomar. Fisher es uno de los directores artísticos de Los Productores, aunque esta vez ha decidido trabajar solo; y suele estrenar una obra al año por invitación de Chela de Ferrari, a quién conoce desde hace varios años.

La vinculación de Ficher con la escena local comenzó cuando era un adolescente. Se inició como asistente de dirección, a los 15 años, de De Ferrari y, a los 24 años, dirigió su primera obra de teatro. Ha dirigido más de una veintena de obras y ha formado un repertorio que, en perspectiva, adquiere una consistencia cada vez más sólida y coherente. Dentro del mismo, ha dejado de lado las obras espectaculares y los musicales de Broadway para otros escenarios y ha consagrado las tablas del teatro La Plaza para dramas cargados, que tocan temas espinosos y conflictivos, de autores, en su mayoría, contemporáneos y anglosajones. Entre las obras que ha estrenado ahí se encuentran El hombre almohada (The Pillowman) y El teniente de Inishmore (The Lieutenant of Inishmore) del irlandés Martin McDonagh, en el 2006 y 2008, respectivamente; Las brujas de Salem (The Crucible) del estadounidense Arthur Miller, en el 2009; Agosto (Condado de Osage) (August: Osage County) del estadounidense Tracy Letts, en el 2010; Los últimos días de Judas Iscariote (The Last Days of Judas Iscariot) del estadounidense, con ascendencia egipcia, Stephan Adly Guirgis, en el 2011; Rojo (Red) del estadounidense John Logan, en el 2012; Corazón normal (The Normal Heart) del estadounidense Larry Kramer, en el 2013; y la estremecedora Incendios (Incendies) del líbano-canadiense Wajdi Mouawad, el año pasado. Cabe agregar que varias de estas obras han sido llevadas al cine.

Como es notorio, Fisher prefiere las obras que abordan situaciones familiares, sexuales, judiciales y bélicas, en los cuales los personajes se enfrentan a la revelación de un gran secreto que destruye sus propias convicciones y relativiza sus acciones. El público que ha formado sabe que no es un director experimental, que su trabajo se ampara en las normas clásicas de la representación; pero eso no hace que sus propuestas no dejen de cuestionarnos, ya que siempre escoge textos sólidos, como el de Robin. 


Los temas

Otras ciudades del desierto toca varios aspectos de la historia reciente de los Estados Unidos. El primero de ellos es el republicanismo como una especie de religiosidad civil de un sector importante de la sociedad norteamericana. Es decir, como una muestra palpable del respeto por el status quo, la marginación y el racismo hacia los inmigrantes, y la homofobia e intolerancia religiosa, defectos encarnados en la madre de Brooke. El segundo tema, vinculado a la problemática anterior, y solo posible por su existencia, es el del miedo al terrorismo. De hecho, el padre de Brooke trata de convencer a su hija de que deje Nueva York y vuelva a la Costa Oeste porque es más “segura”.

Otro tema importante es el relacionado con el mundo del espectáculo y la política. El hermano menor dirige un programa que parodia a un juzgado y cuyo tribunal son esas efímeras estrellas de la farándula gringa que buscan permanecer, incluso a costa de su amor propio, en el negocio. Ese afán por consumir simulacros de realidad es explicado por el muchacho como una respuesta al miedo, a la posibilidad de morir en cualquier momento, lo que ha fomentado ese deseo de los estadounidenses por sentirse “ligeros”. Pero la obra nos habla, además, de cómo esa espectacularización ha afectado también otros ámbitos, como a los partidos. Cabe recordar que los conservadores republicanos hicieron presidente a un exactor de cine y televisión, como Ronald Reagan; y el padre de Brooke es un eco ficcional de aquel.

El mundo del arte es eficazmente tocado por el autor. Brooke escribe una memoria, un testimonio sobre la muerte de su hermano mayor y, para ello, expone las miserias de su propia familia. Pero su versión de la historia es insuficiente y ella lo descubre al final de la obra. Quiere explicar lo que les pasó, por qué la violencia penetró en un hogar acomodado y feliz; y, en el camino, retomar su carrera como escritora, truncada tras el divorcio con su esposo inglés. En el fondo, ella también es una exhibicionista. Apela a su intimidad como último recurso, aunque le cueste el amor de sus seres más cercanos. ¿Es una crítica a este tipo de literatura, en auge en la última década? La respuesta queda como tarea para el espectador.

Finalmente, la metáfora del desierto, como espacio de peregrinación y prueba representa un acierto de la imaginación del autor. Brooke se encamina a él para afrontar los sentimientos y temores de sus padres porque ella ha removido el pasado. La sombra del fracaso la persigue. Su madre la descalifica ante los demás, porque ve en ella la fragilidad de su hermana. Y la señala como una carga para el hermano menor, que tendrá que cuidarla cuando ya no estén ni ella, ni su padre. Sin embargo, lo que en realidad es incapaz de perdonar es el hecho de que se haya atrevido a desenterrar las ruinas de una tragedia que todos han sido obligados a olvidar.


La puesta en escena

La obra está dividida en dos partes, con un intermedio. La primera, de una hora y diez minutos, contiene dos secuencias: una por la mañana, brillante y ligera; otra en la noche, pesada y tensa. La segunda parte, de cincuenta minutos, también se encuentra dividida en dos secuencias: una que transcurre en el amanecer del día siguiente y en el que se revela la verdad, y otra que transcurre mucho tiempo después, durante la presentación de la obra de Brooke. Esta última me resultó innecesaria, aunque sé que es más un defecto del texto y no de la dirección.

El escenario es ampuloso; las paredes altas y repletas de adornos, libros y fotografías de estrellas y políticos muestran la vinculación con el poder y el dinero de la familia Wyeth. Los personajes se mueven en él como pequeños muñecos, como peces en medio de una inmensa pecera dorada, incapaces de respirar en medio del desierto.  

En líneas generales, el espacio está distribuido de manera eficiente y permite que los personajes den vueltas en círculos alrededor de una sala hundida como los lazos que unen a esa familia. Sin embargo, en el medio, al fondo, una puerta corrediza de vidrio muestra un paisaje pintado de manera precaria y que representa las formaciones arenosas de la playa. Habría que mejorar ese aspecto de la escenografía. En cuanto a la iluminación, en la función a la que asistí aún se estaban afinando la disposición e intensidad de las luces. En lo referente al vestuario, el estilo representaba claramente el temperamento y la personalidad de cada personaje.

Por último, con respecto a las actuaciones, Alberto Ísola, el padre, y Rodrigo Palacios, el hermano menor, estuvieron convincentes; Wendy Vásquez, la joven escritora, mostró algunos rezagos de la dicción de su personaje de Dora en Las neurosis sexuales de nuestros padres; tal vez por ello, Martha Figueroa, la madre, y Sofía Rocha, la tía, fueron las que destacaron en ese duelo silencioso que las tenía a ambas como verdaderas protagonistas.


Posdata: Otras ciudades del desierto me recordó mucho otra obra de una dramaturga peruana. Me refiero a El Sistema Solar (2012) de Mariana de Althaus, que también ocurre en Navidad.

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