El trípode de Helena es un blog personal, es decir, yo soy el único que escribe en él. En la parte superior de la columna derecha, verán mi retrato y debajo una descripción fantástica (curiosamente muy real) de mi carácter. Todo junto es Bisutería barata... A continuación, en Oropel imperial están organizadas las entradas según los temas recurrentes. Lo que hay es simplemente el fichero del blog. Siguen dos listas: Cinefilia y Bibliomanía, cuyos fines son fáciles de suponer. Luego, otras dos secciones Hits del blog y De uno en uno cuyas funciones están (para variar) demás definir.
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En fin, los saludo y les exijo que si tienen algo que decir, sea para bien o para mal, háganlo escribiendo algún comentario.

martes, 16 de octubre de 2012

El Insípido (apunte para un cuento)


I

César cogió intencionalmente el libro en busca de una cita memorable. Apenas lo abrió, encontró la hoja de un árbol cuyo nombre no conocía. Aquellos arranques de lector romántico dibujaron una compasiva sonrisa en sus labios. «La Naturaleza es un impostura de los seres urbanos». Lanzó el separador de materia orgánica por la ventana de la custer. La insoportable, página 13, segundo párrafo: «Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad». Tanto para él como para el autor como para Parménides: Lomismo. «Es inútil empezar a escribir sin tener nada que contar». César pensó en una larga lista de contraejemplos; aunque -por el momento- solo recordó dos: Beckett. «Es que Beckett es como dos autores en realidad» había dicho en uno de los bares que pululan por los extramuros de San Marcos. Nunca aclaró si su distinción partía de aspectos genéricos -correctos por su onanismo estructural- (un Beckett dramaturgo y un Beckett narrador), lingüísticos -en los que no tenía ninguna competencia- (uno escritor en inglés y otro en francés) o biográficos -incorrectos por estar demasiado demodé- (el polígamo heterosexual y el “secretario” particular de Joyce). Sin embargo, César no recordaba nada de esto; y, así lo hiciera, sería intrascendente para el propósito que perseguimos el héroe, el narrador y yo.

II

Al cruzar Venezuela, tuvo que cerrar el libro. Pero al hacerlo lo embargó una terrible convicción:
- Mañana o pasado (pero antes de morir), cuando vuelva a tomarlo entre mis manos, encontraré, en la misma página y con el mismo significado, esa hoja de un árbol cuyo nombre no conocía. Y al Insípido también, esperándome.
Impaciente, sin que el vehículo dejara de estar en movimiento, saltó hacia la acera. Temerario, cruzó la pista y obvió el reclamo del portero. Liviano, flotó en dirección a la facultad en busca de algún fanático de Kundera. Insípido ya, recordó que en aquel lugar no tenía ningún amigo. 


(Por el contrario, la ausencia absoluta de carga
hace que el hombre se vuelva más ligero que 
el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la 
tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a 
medias y sus movimientos sean tan libres 
como insignificantes).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Escribes muy buenos ensayos y artículos, te felicito. Pero tus apuntes de cuentos, bocetos, lo que sea, apestan. Tienes una prosa monótona, de cualquier parte, recontra esquemática.

El signorello Cesarino d' Aprile dijo...

No tengo ninguna objeción al respecto. Me quedo con eso de "una prosa... de cualquier parte".