miércoles, 5 de agosto de 2026
lunes, 25 de mayo de 2026
La segunda vuelta peruana en Italia: miedo, rabia y resignación
No se vota igual en primera que en segunda vuelta. Parece una obviedad, pero en realidad ese es el primer error de casi todos los análisis electorales. En primera vuelta, una diáspora dispersa puede votar por afinidad, por convicción, por bronca, por una idea vaga o por alguien cuyo nombre todavía resuena en la propia biografía migrante. En segunda vuelta, todo eso se altera. El voto deja de ser afirmativo y se vuelve reactivo —el famoso “mal menor”—: contra alguien, por descarte, por cálculo. En el caso de las y los peruanos en Italia, esa diferencia puede ser decisiva.
Los datos de la primera vuelta ofrecen una fotografía que conviene mirar sin ilusiones. Aproximadamente, el 50% del padrón acudió a votar en términos de votos válidos: unas 48 mil personas. Belmont obtuvo 17,4%, López Aliaga 16,4%, Fujimori 14% y Álvarez 13,4%. En otras palabras: casi dos de cada tres peruanos que votaron válidamente en Italia eligieron a uno de estos cuatro candidatos.
Lo primero que esto revela es algo importante: Italia no fue, en primera vuelta, un territorio fujimorista puro. Keiko no arrasó. El voto estuvo fragmentado entre varias figuras distintas, aunque muchas de ellas orbitan, de maneras diversas, dentro de un mismo clima político: conservadurismo populista, antipolítica, liderazgo personalista o promesa de orden.
Eso obliga a una lectura más cuidadosa. Porque la verdadera pregunta de la segunda vuelta no es qué pasó en la primera, sino qué hace ahora ese electorado cuando desaparecen sus candidatos y el campo se reduce a dos opciones irreductibles: Keiko Fujimori o Roberto Sánchez.
Hay un bloque relativamente fácil de leer: el voto de López Aliaga. Allí parece existir la transferencia más directa hacia Fujimori. No porque sean idénticos, sino porque comparten códigos políticos reconocibles: conservadurismo moral, anticomunismo, promesa de mano dura, imaginario empresarial y una parte importante de redes católicas conservadoras. Roma, Trieste, Bolzano e incluso algunos sectores de Bolonia muestran que ese voto podría reordenarse relativamente rápido detrás de Keiko. No de manera total —siempre existe un votante lopezaliaguista que desprecia al fujimorismo clásico—, pero sí de manera significativa.
El voto fujimorista, en cambio, ya está donde está. Ese 14% no es una reserva flotante. Es voto duro, disciplinado, fidelizado. Probablemente sea el segmento más estable de toda la elección exterior.
Donde realmente se juega una parte importante del comportamiento electoral peruano en Italia es en el voto Belmont y en el voto Álvarez.
Belmont es, quizás, el dato sociológicamente más revelador de toda esta primera vuelta. Que haya encabezado el voto italiano no significa necesariamente una derechización doctrinaria. Belmont no es López Aliaga. Su votante parece hablar de otra cosa: reconocimiento de una figura antigua, memoria política, outsider conocido, rostro que todavía habita un archivo afectivo de una diáspora que migró en décadas anteriores. En Florencia, Perugia, Milán, Génova o Turín esto aparece con cierta claridad. Hay allí una política de la memoria. Y ese electorado no es automáticamente transferible.
Una parte puede ir hacia Fujimori si predominan el deseo de orden o el rechazo a la izquierda. Pero otra parte puede abstenerse, votar en blanco o incluso reaccionar contra el fujimorismo. Belmont no parece expresar un voto ideológico; más bien encarna un voto líquido, emocional, personalista y muchas veces antipartidario.
Algo parecido ocurre con Álvarez —que solo ganó en Ancona—, aunque desde otro lugar. Su votante no parece responder a una derecha clásica, sino a una mezcla de bronca social, indignación, antipolítica mediática y discurso punitivo. Es un voto outsider también, pero más coyuntural que el de Belmont. Puede inclinarse hacia Keiko si el eje dominante se vuelve seguridad y orden, pero también puede dispersarse si lo que termina pesando es el rechazo general a toda la clase política.
Entonces, ¿todo el populismo no fujimorista terminará absorbido por Keiko?
La respuesta es: no necesariamente. Porque cuando uno mira la geografía italiana aparecen comportamientos distintos.
Milán, que concentra uno de los mayores núcleos peruanos, reproduce casi en miniatura el patrón nacional italiano: Belmont, López Aliaga, Fujimori y Álvarez muy cerca entre sí. Es una ciudad fragmentada, compleja, con capas migratorias distintas: diáspora histórica, trabajadores precarizados, nuevos emprendedores, sectores culturales, migración femenina de larga duración, jóvenes ya formados políticamente en Italia. Aquí Fujimori podría partir con cierta ventaja estructural, pero no parece un territorio de unanimidad automática.
Roma luce más favorable a Fujimori. Allí el voto de López Aliaga pesa más y parece existir una estructura más organizada de conservadurismo migrante.
Florencia, en cambio, es más incierta. El peso de Belmont obliga a una lectura menos lineal. No está claro que ese voto se transfiera automáticamente.
Nápoles muestra un núcleo relativamente favorable a Fujimori, aunque sobre números más pequeños.
Bolonia aparece como un espacio fragmentado, donde el entorno progresista italiano convive con una comunidad peruana que, en primera vuelta, votó dentro de un registro populista amplio. No es un territorio fácilmente clasificable.
Turín se parece bastante a Milán: competitivo, fragmentado, sin hegemonía clara.
Trieste, aunque con muestra pequeña, sí parece inclinarse más hacia Fujimori por el peso desproporcionado de López Aliaga.
La lectura general obliga, entonces, a la prudencia.
Italia no parece ser, estructuralmente, el territorio más favorable para Sánchez. Sería ingenuo negarlo. El campo político de primera vuelta muestra una inclinación conservadora-populista bastante clara. Pero tampoco sería correcto asumir que ya está completamente capturado por Fujimori. Porque una parte importante del voto peruano no es ideológicamente fujimorista, sino populista no doctrinario. Ese electorado es más inestable de lo que parece. Y precisamente por eso la segunda vuelta en Italia podría moverse dentro de varios escenarios.
1. El más probable: Fujimori gana con cierta claridad, captando buena parte del voto de López Aliaga y una fracción significativa del voto Belmont y Álvarez.
2. Un escenario más abierto: parte del voto outsider se fragmenta, se abstiene o vota en blanco, y entonces la elección se estrecha.
Porque en segunda vuelta, como casi siempre, ya no se trata tanto de quién convenció con mejores argumentos, sino de qué afecto político termina imponiéndose: miedo, rabia o resignación.
Y en una diáspora como la peruana en Italia, esa batalla no se juega solamente en ideologías. Se juega, sobre todo, en biografías de carne y hueso.
jueves, 12 de junio de 2025
Antigone’s Endless Afterlife in Latin America
This week I had the opportunity to attend Centroamérica, a powerful and thought-provoking performance by the Mexican company Lagartijas tiradas al sol, presented in Milan (Teatro Fontana) as part of the LIFE Festival (organized by the cultural association Zona K). Founded in 2003 in Tijuana, Lagartijas tiradas al sol is known for blurring the boundaries between documentary, fiction, and performance. The piece, performed by Luisa Pardo and Lázaro Gabino Rodríguez, with space and light design by Sergio López, is a precise and unsettling reflection on one central theme: coloniality.
It is well known that Mexico, despite its own colonial history, has come to play the role of gatekeeper for migrants from Central and South America (much like Libya and Albania do for the European Union). But what struck me most was not just this complicity with United States policies, but the deeper historical violence of the internal borders within Latin America itself. Borders drawn by Spanish, Portuguese, French, and British empires continue to fracture our continent and limit our freedom of movement. Centroamérica brings this legacy into sharp focus.
The performance unfolds in two distinct parts. The first is a meta-theatrical reflection: how does one make a performance about a region that is often silenced, ignored, or stereotyped? What narratives are possible or even ethical? The second part centers on the story of María, a Nicaraguan political exile who asks a favor of the company: to help recover the body of her brother, who died of COVID-19 and was buried in a communal grave, and transfer him to the family plot. Luisa Pardo, a middle-class Mexican artist, accepts the request and assumes María’s identity to cross the border between Costa Rica and Nicaragua, putting her own safety at risk under the repressive regime of Daniel Ortega.
The operation is ethically and aesthetically complex. Instead of adopting the often-unquestioned posture of Mexican superiority toward “smaller” Central American nations (a sense of superiority that is itself a colonial inheritance), Luisa chooses vulnerability. She lends her body and privilege to a gesture of mourning that resists state violence. In doing so, she enacts a contemporary, brown Antigone: transforming a personal request into a profound political gesture, just as feminists have always taught us.
martes, 30 de julio de 2024
Lola Arias, Ibsen y la aceleración
En 1926, el hidroavión Plus Ultra fue el primero en conectar vía aérea Europa con Sudamérica. Partió de Palos de la Frontera (el mismo puerto al sur de España de donde había zarpado Cristóbal Colón en 1492) y aterrizó en Buenos Aires después de diecinueve días de viaje transatlántico. Aunque en un inicio este acontecimiento no pareció significar un cambio importante (la travesía en barco duraba el mismo tiempo), fue un momento crucial en la aceleración de ese largo intercambio de cuerpos e ideas entre dos territorios con varios siglos de historia común. Los últimos cien años son testimonio de esa aceleración.
Así, por ejemplo, la argentina Lola Arias se ha convertido en la primera teatrista latinoamericana (y la segunda mujer) en ganar el International Ibsen Award. El premio, creado en el 2007 por el gobierno noruego, es entregado a individuos u organizaciones que han “aportado una nueva dimensión artística al mundo de la dramaturgia o del teatro”. Entre los ganadores anteriores destacan los europeos Peter Brook (2008), Ariane Mnouchkine (2009), Jon Fosse (2010) y Christoph Marthaler (2018), el estadounidense Taylor Mac (2020), y los australianos de Back to Back Theatre (2022). La ceremonia de premiación tendrá lugar durante el International Ibsen Festival (octubre), en el National Theatret de Oslo. Sin embargo, el premio recibido por Arias no es únicamente el reconocimiento a una artista multidisciplinaria (escritora, performer, cantante, directora de teatro y cine), sino a la entera tradición teatral de una ciudad, Buenos Aires, incorporada plenamente al circuito económico y cultural occidental desde el s. XVIII debido al comercio de esclavos africanos.
Desde aquel lejano 1926, los teatristas nacidos en el Gran Buenos Aires (denominación que abarca a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y varios municipios cercanos de la provincia homónima) pueden ser agrupados en cinco grandes generaciones. La primera creció bajo la sombra de la Gran Depresión (1929), durante la llamada Década Infame (1930-1943), en la que varios gobiernos conservadores accedieron al poder a través de golpes de estado y fraudes electorales. Fueron los años en los que nacieron artistas como Juan Carlos Gené, Jorge Lavelli, Eduardo Pavlosvsky y Raúl Damonte Botana (Copi). En los años sucesivos, muchos de ellos abandonaron el país y se exiliaron en Europa, en particular en Francia. Una segunda generación corresponde a los nacidos durante la presidencia de Juan Domingo Perón (1946-1955), gobierno de corte nacionalista-industrializador. De estos años son los maestros Mauricio Kartún, Ricardo Bartis, Vivi Tellas, Daniel Veronese, César Brie y Manuel Ferreira (los dos últimos han trabajado por varias décadas en Italia). Un tercer grupo de teatristas creció durante la autodenominada Revolución Argentina (1966-1973), dictadura cívico-militar que se enfrentó a diversos grupos guerrilleros de izquierda. En esta época se formaron artistas como Alejandro Tantanian, Rafael Spregelburd, Mariano Pensotti y Claudio Tolcachir, los cuales han podido ser reconocidos internacionalmente sin abandonar su propio país. El cuarto periodo, uno de los más sangrientos de la historia argentina, coincidió con el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), otra dictadura militar caracterizada por el terrorismo de Estado (torturas, desapariciones y robo de bebés), y la desastrosa guerra de las Malvinas (1982). En medio de toda esta violencia nacieron dramaturgas y directoras de teatro como Maruja Bustamante, Romina Paula y Lola Arias. Por último, una quinta generación incluye a los teatristas nacidos en los noventa, durante el gobierno neoliberal de Carlos Menem que desembocó en la crisis económica conocida como el Cacerolazo (2001), pero mencionar los nombres más significativos es aún prematuro. En resumen, un siglo convulso como el de tantos otros países de América Latina.
“Creo que es un reconocimiento al arte que se hace en esta región. El arte latinoamericano tiene una potencia inédita. Que un premio escandinavo mayormente otorgado a hombres europeos y estadounidenses ponga la mirada sobre una mujer de Latinoamérica habla de un cambio de foco”, declaró Arias en una reciente entrevista. Y tiene razón. El interés por el teatro de artistas sudamericanas es cada vez mayor como lo demuestra el caso de su compañera de generación, la chilena Manuela Infante (nacida durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, periodo sobre el que Arias hizo un espectáculo: El año en que nací). Pero, ¿qué cosa motiva este interés? “Su principal contribución a la creación teatral radica en su obra de repercusión internacional en el género que ella denomina teatro documental: la creación de espectáculos con (y no simplemente sobre) las personas cuyas vidas y experiencias se presentan en escena. Este trabajo tiene una fuerte dimensión ética, ya que se desarrolla durante un largo periodo de tiempo con personas que pueden optar por no participar en el proceso durante la fase preparatoria”. Estas son las palabras de los miembros del comité que le otorgó el premio. Y añaden: “Arias hace un teatro democrático, diverso y arraigado en la experiencia vivida. Su teatro se relaciona con la sociedad contemporánea sin arrogancia ni dominación intelectual”. Un buen resumen de su propuesta artística: un teatro radicalmente democrático, es decir no solo representativo sino participativo, no solo estético sino político.
Y bien, ¿cómo se manifiesta esta consigna en el trabajo de Arias? Este no es el espacio para describir cada uno de sus espectáculos, por lo que solo mencionaremos un par de casos ilustrativos. Después de estudiar Letras en la Universidad de Buenos Aires y Dramaturgia en la Escuela de Artes Dramáticas de la misma ciudad, y escribir y dirigir seis obras de ficción, Arias estrenó Mi vida después (2009), su primera obra de teatro documental. En ella, seis actores nacidos en la década del setenta y principios del ochenta reconstruyen la juventud de sus padres a través de fotos, cartas, videos, ropa y otros objetos. Cada actor se convierte en un doble de sus progenitores y pone en escena la propia historia familiar. El espectáculo transita así entre la realidad y el simulacro, lo colectivo y lo personal, el pasado y el presente. “Mi vida después es un retrato de mi generación. Una generación nacida bajo la nube de la dictadura militar, cuyos padres lucharon, se exiliaron, desaparecieron, fueron torturados o fueron indiferentes a la política. Una generación poblada por los relatos -a veces épicos, a veces poblados de secretos- de lo que hicieron nuestros padres en ese tiempo del que casi no tenemos recuerdos”, ha escrito Arias sobre dicho espectáculo.
Una obra más reciente que sigue la misma línea, pero con un respiro transnacional y sobre una problemática contemporánea, fue Lengua Madre (2021-2022). Debido a la aparición de corrientes conservadoras en varias partes del globo que ponen en riesgo algunos derechos conquistados como el aborto, Arias decidió hacer un espectáculo sobre ese territorio en pugna actual que es la maternidad. A partir de las historias de madres adolescentes, migrantes, lesbianas, trans, que recurrieron a la fertilización asistida, que adoptaron o de mujeres que abortaron o no quieren tener hijos, la directora argentina construyó una especie de wunderkammer escénico que puso en relación el deseo y la política. La obra tuvo tres versiones, cada una fruto de procesos laboratoriales con performers no profesionales llevados a cabo en Bolonia, Madrid y Berlín. “Lengua Madre es un territorio para pensar la institución de la maternidad presente, pasada y futura. Como un diccionario que se escribe en el escenario, cada entrada le da un nuevo sentido a una palabra muy vieja”, ha comentado la directora. Tal vez sea exactamente eso lo que intenta hacer Arias con el teatro, otra institución antigua que muchas veces se resiste a cambiar: “La potencia del teatro es increíble, es un arte político, es un arte que transforma la vida de las personas, de las que están en el escenario y de los que están abajo, genera comunidad”. De nuevo, emerge en las palabras de Arias la concepción de la práctica teatral como instrumento de democratización y no solo de entretenimiento. Una vocación que parece constante en tantos teatristas latinoamericanos.
¿E Ibsen? Basta decir que la primera traducción directa del noruego al español de sus principales obras ha sido publicada solo en 2019, por lo que seguramente Lola Arias (como muchos otros hispanoamericanos) ha leído sus textos en traducciones de dudosa calidad y llenas de equívocos. Después de todo, hay cosas que se resisten siempre a ser aceleradas. Y eso también está bien.
lunes, 20 de junio de 2022
Los jóvenes en la crisis del orden: Las coordenadas de la lucha
Premisa:
Lotta Comunista es un partido político italiano de ideología leninista, internacionalista y extraparlamentario fundado por Arrigo Cervetto en los años 50. Es autosostenido por sus propios miembros (eso significa que no recibe fondos del Estado ni donaciones), a través de las cuotas de sus afiliados y la venta de su propio periódico (publicado cada mes). Su distribución territorial comprende una serie de sedes, llamadas Circolo operario, en las principales ciudades de Italia y en algunas otras de Europa (París, Londres, Atenas, Valencia y Berlín). El redactor del presente informe ha entrado en contacto con el círculo de Bolonia en septiembre de 2021.
Relación:
El evento I giovani nella crisi dell'ordine. Le coordinate della lotta (Los jóvenes en la crisis del orden. Las coordenadas de la lucha) se llevó a cabo el domingo 19 de junio de 2022 en la Sala Chiamata del Porto, en Génova, Italia. Se trató del primer encuentro en presencia de las bases jóvenes del partido después de más de dos años (el último se había hecho en Milán, en febrero de 2020). Asistieron aproximadamente unas 600 personas de diversos círculos: Pisa, Padua, Nápoles, Bérgamo, Milán, Brescia, Génova, Bolonia, Turín, Roma, Savona, Florencia y de las cincos sedes fuera de Italia.
El tema principal del encuentro giró en torno al informe de las y los jóvenes (menores de 30 años) de cada uno de los círculos presentes sobre el desarrollo del voluntariado comunista, instrumento del partido para reclutar a nuevos cuadros. El voluntariado ha servido, en los últimos dos años, para afrontar los problemas de precarización del trabajo y alza del costo de vida en las ciudades, provocado por la pandemia del COVID y la guerra en Ucrania. Sus labores han incluido la recolección de productos de los supermercados, la distribución de canastas de alimentos a las familias pobres, la enseñanza de italiano a los extranjeros y la venta del periódico del partido. En líneas generales, una de cada 14 personas contactadas a través del voluntariado termina convirtiéndose en un activista, es decir, asume tareas de organización regularmente.
Asimismo, otro tema discutido fue el contexto de guerra que está viviendo Europa. "Hay días que valen cómo años" ha estado repetido varias veces por los dirigentes en sus intervenciones de apertura y cierre. El rearme militar de Alemania y Japón, ante el peligro de un enfrentamiento contra Rusia y China, respectivamente, muestra que el futuro del imperialismo de los países desarrollados del Norte (sobre todo de aquellos pertenecientes a la OTAN) no será ajeno a nuevos enfrentamientos bélicos (el caso Taiwán).
Simultáneamente, los economistas liberales alertan del peligro de que el proceso de la globalización se invierta y se produzca un proteccionismo generalizado. El imperialismo europeo (UE), en particular, ha entrado en una "economía de guerra", lo que implica el racionamiento de sus recursos y la búsqueda de una autarquía energética que le permita enfrentar una nueva división del mundo por el enfrentamiento EE.UU.-China. Frente a esto, la propuesta del partido para sus militantes es mantener su oposición a todas las guerras iniciadas por las burguesías nacionales, a través de la acción combinada del más grande ejército que existe: el de los trabajadores del mundo.
sábado, 18 de diciembre de 2021
Esiste un imperialismo cinese?
Poco prima di tornare in Russia dall'esilio, Lenin
pubblicò L'imperialismo, fase suprema del capitalismo (1916). In questo libro, il futuro leader della
rivoluzione bolscevica prediceva la fine del liberalismo economico nelle
nazioni più industrializzate, cioè della dottrina del libero scambio e della
concorrenza tra imprese. E non aveva torto. Sebbene nel decennio successivo (i “ruggenti
anni Venti”) si sia verificata una graduale liberalizzazione degli scambi in
Europa, la Grande Depressione (1929) ha portato Paesi come gli Stati Uniti
d'America ad attuare misure protezionistiche per evitare squilibri commerciali
(Legge Smoot-Hawley del 1930). Mezzo secolo prima, in quello stesso Paese, era
stato creato il primo monopolio al mondo, lo Standard Oil Trust (1982), le cui
operazioni riguardavano l'estrazione, la trasformazione, la distribuzione e la
vendita del 90% del petrolio statunitense. Sebbene pochi anni dopo, il
presidente Harrison approvò lo Sherman Act (1890) per combattere pratiche
monopolistiche e concorrenza sleale, la sua efficacia fu notevolmente inferiore
fino all'inizio della Prima guerra mondiale.
Finita la parentesi “dell'economia di guerra” (controllo
della politica monetaria, autarchia produttiva, risparmio energetico, aumento
dell'industria pesante, diminuzione dei salari, razionamento, ecc.), culminata
con la sconfitta dei fascismi europei e il consolidamento degli USA come prima
potenza industriale e militare del pianeta (egemonia contesa solo dall'Unione
Sovietica, intrappolata nel miraggio riformista staliniano del “socialismo in
un solo paese”), le idee di Lenin furono riprese dal comunista italiano Arrigo
Cervetto che coniò, nella prima metà degli anni Cinquanta, il termine imperialismo
unitario. Per Cervetto, nel nuovo ordine mondiale, quasi nessun Paese poteva
vantarsi di essere economicamente indipendente dal sistema capitalista. La
competizione tra capitalismi “nazionali” che aveva portato in passato alle due
guerre mondiali, si risolveva ora nel rafforzamento di una borghesia
internazionale che era l'unica beneficiaria dell'apparente divisione del globo
tra un blocco democratico-capitalista e un altro dittatoriale-comunista. In
definitiva, non c'era una vera scelta e i sistemi politici avevano poca
influenza sulla determinazione strutturale del quadro generale: il capitalismo
era diventato l'unico sistema-mondo.
La caduta del muro di Berlino (1989) e del “socialismo
reale”, lungi dal modificare questa situazione, l'ha solo rivelata, poiché ha
significato la convergenza di un sistema economico (capitalismo) e di un
sistema politico (democrazia liberale) come ricetta esclusiva per lo sviluppo
di una nazione. In questo mondo apparentemente senza ideologie (“fine della
storia”), il primato degli USA era dovuto solo alla sua maggiore partecipazione
al complesso produttivo-finanziario dell'imperialismo unitario, assecondato dal
suo relativamente nuovo satellite transatlantico, l'Unione Europea (1993).
Tuttavia, la situazione privilegiata del binomio USA-UE (la cui continuità è
stata messa in pericolo durante la presidenza Trump) ha iniziato a essere
minacciata, da diversi anni, dalla rapida ascesa della Repubblica Popolare Cinese.
Analizzare come questo Paese sia passato dalla feudalità a essere la seconda
economia mondiale, in meno di mezzo secolo (Mao morì nel 1976) e senza adottare
la ricetta politica della democrazia liberale, sarebbe oggetto di un altro
articolo. Ma una cosa deve essere chiara: ancora una volta, come nel caso della
defunta Unione Sovietica post-Lenin, la Cina non si presenta come
un'alternativa al capitalismo, ma come una nuova protagonista nel dramma del
suo sviluppo storico.
Il miglior esempio del futuro strategico della Cina sulla
scena internazionale è il progetto della Nuova via della seta. È un corridoio
terrestre e marittimo che mira a collegare l'Asia e il Medio Oriente con
l'Europa. Mentre la rotta terrestre sembra essere assicurata dai suoi partner
Russia e Turchia, e dai paesi dell'ex Unione Sovietica, la rotta marittima è
quella che ha meglio messo in funzione la potenza economica di Pechino. Ne è un
esempio l'acquisto del 51% della società Porto Il Pireo (il più grande in
Grecia) da parte della compagnia di stato cinese Cosco nel 2016. La Grecia (afflitta
dalla crisi del debito sovrano dal 2009) è diventata così il punto di arrivo
per navi mercantili cinesi che attraversano il Canale di Suez dall'Oceano
Indiano. Inoltre, il colosso asiatico non ha nascosto l'intenzione di acquisire
il controllo di altri porti europei come Trieste, in Italia. Quest'ultimo
Paese, infatti, è stato il primo del G-7 a firmare un accordo (2019) per far
parte della grande rete infrastrutturale che la Cina vuole finanziare.
Un altro luogo su cui Pechino ha puntato gli occhi, dal
2012, sono i Balcani. Gli asiatici hanno stabilito accordi commerciali con la
Serbia (la azienda semipubblica Huawei ha collaborato con il Ministero
dell'Interno di quel paese per l'installazione di oltre 1000 telecamere di
videosorveglianza a Belgrado), il Montenegro (dove lo stato cinese sta
finanziando le infrastrutture stradali), Bosnia-Erzegovina (che ha ricevuto un
prestito di 680 milioni di dollari per la ristrutturazione di una centrale elettrica
a carbone) e l'Ungheria (primo Paese UE dove il governo di Xi Jinping sta
realizzando direttamente una rete ferroviaria). Infatti, la futura linea
Belgrado-Budapest, iniziata nel 2018 e classificata come “segreto di Stato” dal
Parlamento ungherese, è la chiave per l'ingresso delle merci cinesi nell'Europa
centrale e occidentale dal suo porto greco.
Non a caso, la sostenuta politica di riavvicinamento e
collaborazione con il governo di Xi Jinping dell'ex cancelliera tedesca Angela
Merkel (che si è recata più volte a Pechino per firmare importanti accordi
bilaterali) e la crisi del Covid-19 (che ha mostrato i limiti del
multilateralismo occidentale) hanno finito per fare del Paese asiatico, nel
2020, il primo partner commerciale dell'UE, al di sopra degli USA; nonostante
le innumerevoli denunce che lo Stato cinese ha di violazioni dei diritti umani
di dissidenti politici e popolazioni minoritarie come gli uiguri o i tibetani.
Questo mostra l'ipocrisia delle democrazie liberali. Quanto sopra conferma che
la “guerra commerciale” tra Washington e Pechino per l'egemonia nel Vecchio Continente
è stata risolta in favore di quest'ultimo. In questo senso, l'uscita del Regno
Unito dall'UE (Brexit 2020) e la formazione di un'alleanza militare strategica
tra tale Paese, gli USA e l'Australia (AUKUS, istituita nel 2021 e che ha
sollevato le proteste del governo Macron per l'annullamento di un contratto per
l'acquisizione di sottomarini nucleari francesi da parte di Canberra) non fanno
altro che dimostrare che il destino di Londra era di rimanere fedele alla sua
solidarietà anglosassone e transatlantica, contro il filo dell'asse
Parigi-Bruxelles-Berlino.
Il destino della Cina si giocherà nei prossimi anni, anni
in cui assisteremo ad un riarmo militare ed energetico nei paesi più
industrializzati (l'UE sta cercando, attraverso una “rivoluzione ecologica”, di
raggiungere l'autonomia energetica, mentre Cina e gli USA sembrano continuare a
scommettere sulle energie inquinanti, almeno per un altro paio di decenni). Ma
qualunque cosa accada, possiamo solo osare sostenere la seguente tesi: l'ascesa
del gigante asiatico non significa l'apparizione di una nuova potenza
imperialista; al contrario, si tratta del consolidamento del solido edificio
dell'imperialismo unitario, quello che comincia ad abbandonare l'ornamento
retorico del liberalismo politico e si mostra, finalmente, così com'è, come una
perfetta “società di controllo” (Deleuze) senza gli antiquati “valori” delle rivoluzioni
borghesi.
Vignola, dicembre 2021
miércoles, 24 de marzo de 2021
¿Por qué ser de izquierda hoy?
I
Quiero comenzar planteando una pregunta: ¿a qué llamamos izquierda hoy?
A pesar de no tener una respuesta definitiva, me inclino a asociar este concepto con el de emancipación. Emancipación de lxs trabajadorxs de la explotación capitalista, emancipación de las mujeres y de lxs consideradxs "disidentes sexuales" del patriarcado, emancipación de los pueblos colonizados y racializados de los colonizadores y racistas, emancipación de los cuerpos deshabilitados por el capacitismo, etc.
Para mí, pensar, organizarse y actuar para lograr esos objetivos es ser de izquierda (y no solo el estatismo o el proteccionismo económico, porque también los hay de derecha). Esto significa creer que se puede transformar radicalmente el mundo, es decir, que es posible hacer realidad una utopía. Por eso, otro concepto clave es el de revolución.
Con esto no estoy planteando tomar las armas e iniciar una guerra al estilo jacobino. No. De lo que se trata, en cambio, es de disputar la hegemonía en diversos planos, pero en particular en el discursivo, porque articula la ciencia, la política, la economía, la cultura, la sexualidad y todas las demás esferas en las que ha sido segmentada, por el hombre blanco y occidental, la totalidad no suturada de lo colectivo.
Ahora bien, ¿existe una única forma de hacerlo? Mi respuesta es de nuevo no. Por eso, en lugar de hablar de la Izquierda, prefiero hablar de las izquierdas, plurales y contradictorias muchas veces entre sí, pero guiadas por la materialización de un horizonte (imposible para el sentido común hegemónico) en el cual la dominación de una clase, un sexo, un cuerpo específico, un país o, incluso, una especie sobre otrx haya sido abolida.
II
Llegado a este punto, alguien podría preguntarme: ¿para lograr lo que propones, cualquier camino es válido?
Descartada la violencia, todo haría suponer que buscar la expansión global de las conquistas del liberalismo democrático es la ruta más viable. Pero esto no es del todo cierto y, además, encierra grandes peligros para las izquierdas en su conjunto. Nuestra revolución no puede contentarse con los ideales democráticos (como afirma el posmarxismo), sino trascenderlos a través de una revolución permanente de lo colectivo. Me gustaría ilustrar el peligro al que me he referido antes con un ejemplo.
Guardo un gran aprecio por el socialismo libertario, el cual nos ha entregado conceptos (la propiedad privada como robo) y tácticas de lucha (la huelga general) cuya validez y efectividad no han caducado. También, debo reconocer su gran papel en la organización sindical hace más de un siglo y en la solidaridad de clase de carácter internacional (no en vano, muchos anarquistas fueron geógrafos y notaron la arbitrariedad de las fronteras de los Estados-nación frente a la continuidad geográfica, lingüística y cultural de los territorios). Pero eso no impide que discrepe con sus simpatizantes respecto a su concepción de la lucha por la emancipación.
La razón principal de mi desacuerdo es que noto un enquistamiento del liberalismo burgués en el seno del anarquismo. El pensamiento dicotómico y jerárquico que nos obliga a sacrificar la igualdad por la libertad, lo colectivo por lo individual, tara de una subjetividad cartesiana que se consolidó con la Ilustración y que nos gobierna sin que nos demos cuenta, es la piedra angular tanto de los socialismos libertarios (de izquierda) como de los libertarianismos (de derecha), motivo por el cual han terminado resultando, para fines prácticos, casi indistinguibles.
En ese sentido también, ni la propaganda por el hecho (o el terrorismo) ni el nihilismo (o el cinismo posmoderno) son alternativas fructíferas para encauzar el enfrentamiento contra las relaciones de opresión que rigen la vida actual, porque siguen atravesados por la agresividad jacobina o el (neo)liberalismo burgués.
III
¿Y, entonces, por dónde debemos empezar?
Tentativamente, es decir, probándolo todo. No debemos descartar ni la articulación de clase, de partido, de bloque histórico que nos ha legado la tradición de izquierda. Pero tampoco nos podemos encerrar en ellas hasta convertir alguna en la única elegida para encabezar la revolución (ni debemos caer en la tentación de su conducción por una vanguardia iluminada).
El terreno discursivo de la disputa por la hegemonía requiere creación heroica, no copia o calco de experiencia pasadas o extranjeras. Por eso, lo primero que hay que hacer es estudiar al Perú (y al Sur global). La crisis por la que atraviesa lo colectivo en nuestro país no es coyuntural, sino estructural.
Cuando nos referimos a algo coyuntural estamos hablando de un hecho esporádico, aislado y que implica la búsqueda de soluciones a corto o mediano plazo, urgentes (alta intensidad) y sectoriales (baja extensión). Por ejemplo, el desgaste de la democracia en el Perú, leído de esa manera, ha motivado movimientos como el ya crepuscular antifujimorismo, que asume que el desprestigio de la política ante la sociedad civil o la informalidad de nuestros partidos solo es responsabilidad de un expresidente y que los esfuerzos deben concentrarse en eliminarlo a él y a su dinastía de la arena electoral. Ese es un error.
En cambio, cuando hablamos de algo estructural, nos referimos a un conjunto de elementos y al tipo de relaciones que establecen entre sí, y que nos permiten interpretar la realidad. Existe un sinnúmero de relaciones posibles entre los elementos de una estructura. En su mayor complejidad yace su riqueza. Lo significativo es que nos sirven para estabilizar en el pensamiento un grupo de relaciones, de posiciones; en otras palabras, que tienen como objetivo construir una totalidad.
Quisiera que no se me malinterprete. Cuando hablo de totalidad, no me refiero a completitud, por lo que esos modelos son siempre aproximaciones parciales de la realidad (entendida está última como un campo más amplio de sobredeterminaciones discursivas, un mundo, y no como un referente con una existencia ya dada) y deben estar sujetos a crítica y continua modificación. Tampoco estoy retomando la vieja dicotomía infraestructura (base material)/superestructura (vida social) del marxismo "clásico", porque desde mi punto de vista no existe más que un único plano: un continuo entre cultura y naturaleza.
Creo que es responsabilidad de toda organización política la elaboración colectiva, a través del diálogo y la negociación, de estructuras comunes con las cuales poder explicar y transformar un estado de cosas. Y sostengo que serán esas estructuras por advenir las que podrán permitirnos encontrar consensos en medio de la multiplicidad de posiciones del amplio espectro de las izquierdas en el Perú.
IV
Esta serie de planteamientos me conducen a una última interrogante: ¿qué significante puede ayudarnos a dar un diagnóstico de los problemas del país?
Una vez más, con ello no me estoy refiriendo a una verdad última que responda de manera definitiva a la pregunta de "en qué momento se jodió el Perú", sino a una posibilidad de lectura-acción que genere comunidad y sostenga a la mayor cantidad de proyectos políticos de izquierda para caminar juntos sobre una base mínima y que evite los errores cometidos por quienes nos antecedieron en la lucha por la emancipación.
Aunque comparto con entusiasmo muchas de las ideas de los partidos institucionalizados de izquierda (siempre precarios en nuestro país), que han hecho énfasis en problemas como la expansión imperialista de las economías del Norte, la depredación ambiental y el colonialismo cultural; salvo alguna excepción, no han incluído entre sus planteamientos un factor que creo indispensable para explicar cómo se enlazan los tres anteriores: el patriarcado.
Después de todo, el sujeto articulado por vencer es siempre un hombre blanco, heterosexual, adulto, de clase media, normodotado y eurocentrado que participa en relaciones de dominación y, luego, de explotación con los grupos que ha desplazado históricamente hacia la marginalidad: mujeres, discapacitadxs, ancianxs, negrxs, indígenas, transexuales, animales, plantas, etc. Desde mi perspectiva, cualquier lectura revolucionaria (cuya base sea más la sororidad que la fraternidad) que se haga del país no puede ignorar que el patriarcado es un elemento estructural de lo colectivo en la época contemporánea.
Esto nos debe llevar a una autocrítica. Creo que los grupos de izquierda se han caracterizado por trabajar exclusivamente en dos dimensiones del saber: el saber-pensar y el saber-hacer. En lo que respecta al primero, el saber-pensar, han logrado un nivel muy alto de producción intelectual y puedo afirmar que, junto con los think tanks de los liberales, lxs militantes de las izquierdas son lxs que más sostenidamente han reflexionado sobre el Perú. Respecto al segundo tipo de saber, el saber-hacer, tengo la impresión de que nuestra performance no ha sido la mejor. Obtenido el poder, hemos quedado golpeadxs por los casos de corrupción de las gestiones del Partido Nacionalista y de Fuerza Social (aunque esta última sostuvo una serie de experiencias valiosas de las cuales aún podemos aprender).
Pero hay dos saberes más, el saber-ser y el saber-convivir, que han quedado rezagados como prioridad. La causa es que la distinción liberal entre lo público y lo privado, que hemos empezado a sentir artificial gracias a los feminismos, se ha replicado en otra distinción: la de lo ético como individual y lo político como colectivo. Ese es otro error.
No hay política sin ética y no hay ética sin política (entender esto a cabalidad puede llevar a que cada unx necesite pasar por un largo proceso de reeducación).
Asimismo, no hay dimensión individual sin la grupal y no hay dimensión grupal sin individuos. Mantener esta visión dialéctica es vital para el diseño estratégico de los movimientos de izquierda. Lo micropolítico (las palabras, los gestos, el modo de relacionarnos) lejos de separarnos, debe permitirnos formar lazo y, para ello, es urgente establecer, otra vez mediante el intercambio de ideas, pero también a través del enfrentamiento frontal a quienes nos niegan una vida digna, normas que nos permitan convivir y actuar democrática y horizontalmente (que la revolución burguesa sea insuficiente no significa que debemos desechar algunas de sus conquistas, lo que al mismo tiempo nos debería llevar a reconocer que gobiernos como el de China, Cuba y Venezuela han devenido en autoritarios), sin caer en los modelos dictatoriales ni en la intolerancia al disenso que ha caracterizado al "socialismo real" del siglo XX.
Solo si lo logramos, podremos mantenernos unidxs y enfrentarnos al eterno retorno de los conservadurismos, los modelos totalitarios y la barbarie capitalista.
Bologna, marzo de 2021
domingo, 10 de enero de 2021
miércoles, 13 de mayo de 2020
Una excusa para operar (en) la subjetividad
(9 de abril)






