El Trípode de Helena es un blog personal. En la parte superior de la columna izquierda, verán mi retrato y debajo una breve biodata. A continuación, están organizadas las entradas según los temas recurrentes y según la fecha en la que fueron publicadas. Si a alguno de ustedes le intriga el título del blog, de click aquí. Si están interesados en descubrir más acerca de la imagen del encabezado, entren aquí.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Gucci

 

Hay objetos que usamos y nos colocan dentro de una larga historia. Fundada en Florencia, en 1921, por Guccio Gucci (1881-1953), la casa de moda italiana nació entre el cuero y la fascinación por la elegancia inglesa. Mis gafas Gucci son, en cierto modo, una pequeña puerta de entrada a ese universo. Aquí, cinco artículos para entender esta marca. 


La maleta Gucci (años 20)

Antes de vestir cuerpos, Gucci acompañaba viajes. Todo comenzó con un objeto destinado a contener otros objetos.



El mango Bamboo (1947)

En la posguerra, la escasez de materiales obligó a transformar la necesidad en imaginación: el bambú, curvado artesanalmente, se convirtió en el asa de un bolso extraordinario. 



El bolso Jackie (1961)

Su silueta flexible y su cierre característico sobrevivieron a las tendencias, hasta el punto de regresar una y otra vez bajo nuevas interpretaciones. 


El traje de terciopelo (1995)

Con Tom Ford al frente de la dirección creativa, Gucci encontró una sensualidad distinta: siluetas precisas, terciopelo, brillo y una puesta en escena del deseo. 


El bolso Dionysus (2015) 

Bajo Alessandro Michele, Gucci abrazó el eclecticismo, las referencias históricas y una estética deliberadamente exuberante. 

Un siglo después de su nacimiento, Gucci continúa negociando con su propio archivo, entre la memoria artesanal y la necesidad de innovar. La llegada de Demna Gvasalia a la dirección artística en 2025 abrió otro capítulo para una casa acostumbrada a reinventarse mediante personalidades creativas muy distintas. 


jueves, 15 de octubre de 2026

Los etruscos

 

Orante (bronce), San Casciano dei Bagni, siglo II a.C.

La civilización etrusca se desarrolló en la península itálica durante casi un milenio. Su evolución no fue un proceso lineal, sino el resultado de intercambios comerciales, transformaciones sociales y conflictos territoriales que modificaron progresivamente su organización política y cultural.

Edad del Hierro (siglos IX-VIII a. C.). La cultura villanoviana constituye la manifestación más antigua de la civilización etrusca. Se extiende por Toscana, el norte del Lacio, Emilia y Campania. Las comunidades se organizan en poblados de cabañas, desarrollan la agricultura y comienzan a explotar los recursos minerales. La incineración es el rito funerario predominante: las cenizas se depositan en urnas bicónicas, cubiertas por cuencos invertidos y enterradas en fosas. Sobre esta base se desarrollarán las futuras ciudades etruscas.

Período orientalizante (720-580 a. C.). Los intercambios con el Mediterráneo oriental introducen nuevos objetos, imágenes y formas de representación. Las aristocracias etruscas consolidan su poder y los asentamientos comienzan a transformarse en centros urbanos. La llegada de artesanos procedentes del mundo griego impulsa las producciones locales y se introduce la escritura. Las prácticas funerarias se diversifican: los difuntos, incinerados o inhumados, son depositados en túmulos y tumbas de cámara. La acumulación de riqueza y la monumentalidad funeraria expresan una sociedad cada vez más jerarquizada.

Período arcaico (580-480 a. C.). La civilización etrusca alcanza su máxima expansión. Las ciudades completan su organización urbana, establecen trazados regulares y desarrollan grandes obras de saneamiento y recuperación de tierras. Junto a las aristocracias se consolida un sector medio urbano. Se construyen templos y florecen la escultura en terracota y la producción de grandes bronces. Las necrópolis adquieren una organización sistemática y se extienden las tumbas de cámara pintadas. La ciudad y sus espacios funerarios reflejan la complejidad de una sociedad que encuentra en la arquitectura, los objetos y los rituales formas de representación de su poder.

Período clásico (480-320 a. C.). Los contactos directos con el mundo griego continúan influyendo en las producciones artesanales de la Etruria interior, mientras se mantiene la importación de grandes cantidades de cerámica ática. Comienza también la acuñación de moneda. Sin embargo, el desarrollo económico coincide con los primeros conflictos sociales internos y con la conquista samnita de la Etruria campana. Las ciudades costeras del sur entran en declive, mientras se refuerzan el puerto de Populonia y los centros adriáticos de Adria y Spina. El desplazamiento de los principales ejes comerciales favorece el desarrollo de la Etruria padana y modifica los equilibrios territoriales de la civilización etrusca.

Período helenístico (320-89 a. C.). Las invasiones galas y la expansión romana transforman progresivamente el territorio etrusco. En la Etruria padana, solo Mantua y Spina conservan temporalmente su independencia. La conquista de Veyes, iniciada en el siglo V a. C. y culminada en 396 a. C., había marcado ya una etapa decisiva en la expansión romana hacia el norte. Durante los siglos siguientes, las ciudades etruscas pierden autonomía y quedan incorporadas gradualmente a la órbita de Roma. La producción artesanal experimenta un estancamiento relativo, aunque continúa la fabricación de sarcófagos y urnas funerarias de piedra y terracota.

Período romano (89-27 a. C.). La integración de las comunidades etruscas en el sistema romano se consolida mediante la conquista política, la reorganización económica y la transformación cultural. La Lex Iulia de 90 a. C., promulgada durante la Guerra Social, extiende la ciudadanía romana a comunidades itálicas que cumplen sus condiciones. Con las reformas administrativas de Augusto, la península se divide en regiones y la antigua Etruria queda integrada en la Regio VII.

La evolución de la civilización etrusca muestra cómo una sociedad formada a través de intercambios comerciales y culturales pudo alcanzar una organización urbana compleja y una notable producción artística sin constituir un Estado unificado. Su incorporación a Roma no supuso la desaparición inmediata de sus tradiciones, sino su transformación dentro de una nueva estructura política. La pérdida de autonomía y la continuidad cultural fueron, así, dos procesos simultáneos.