El Trípode de Helena es un blog personal. En la parte superior de la columna izquierda, verán mi retrato y debajo una breve biodata. A continuación, están organizadas las entradas según los temas recurrentes y según la fecha en la que fueron publicadas. Si a alguno de ustedes le intriga el título del blog, de click aquí. Si están interesados en descubrir más acerca de la imagen del encabezado, entren aquí.

martes, 25 de agosto de 2026

Lima y Luxemburgo: Dos mundos distintos en el mismo espacio

 


Lima Metropolitana y Luxemburgo ofrecen una comparación extraordinaria porque ocupan prácticamente el mismo territorio: 2.617 km² frente a 2.586 km², una diferencia de apenas 1,2 %. Sin embargo, en ese mismo espacio se despliegan realidades demográficas radicalmente distintas. Mientras Lima alberga a unos 10 millones de habitantes, Luxemburgo cuenta con cerca de 680.000; esto significa que la capital peruana concentra aproximadamente 15 veces más personas, registrando una densidad de alrededor de 3.670 habitantes por km² frente a los apenas 260 del país europeo. Sus poblaciones también envejecen a ritmos diferentes: Luxemburgo tiene una edad media cercana a los 40 años, mientras Lima conserva una población más joven y una proporción mayor de menores de 15 años.

La brecha económica y social refuerza este contraste. En 2025, Luxemburgo produjo alrededor de US$101.000 millones y alcanzó unos US$147.000 de PIB por habitante. Para Lima no existe una cuenta metropolitana de PIB construida exactamente con la misma metodología, aunque es un hecho que concentra una parte decisiva de la producción peruana. Esta asimetría se refleja en la desigualdad: Luxemburgo registra un índice de Gini cercano a 0,30, mientras las estimaciones para Lima se sitúan aproximadamente en 0,40, una distancia que se profundiza al mirar la pobreza y el poder adquisitivo.

El bienestar diario y el acceso a derechos básicos también revelan dos velocidades. En salud, la esperanza de vida es de unos 83 años en Luxemburgo frente a aproximadamente 77 años en Lima. Para atender a su población, Luxemburgo dispone de unos 10 hospitales y 2.640 camas (alrededor de 3,9 camas por cada 1.000 habitantes), mientras Lima concentra una red sanitaria mucho mayor en números absolutos, pero crónicamente sometida a las demandas de una población masiva. En el ámbito educativo, los limeños alcanzan en promedio unos 12 años de escolarización; por su parte, aproximadamente el 51 % de los adultos luxemburgueses de 25–64 años posee educación terciaria, respaldados por una universidad nacional de unos 8.300 estudiantes y un entorno académico extraordinariamente internacionalizado.

Estas diferencias moldean mercados laborales opuestos. Luxemburgo combina salarios elevados, una participación alta y un empleo estrechamente vinculado a la inmigración y al trabajo transfronterizo, cerrando el año 2025 con un desempleo que rondó el 6,2 %. Lima, en cambio, posee un mercado gigantesco pero vulnerable, caracterizado por una informalidad cercana a dos tercios del empleo y profundas brechas salariales, territoriales y de género.

La cultura y el entorno físico muestran sus propias paradojas. Luxemburgo dispone de 43 museos, 7 espacios escénicos estables, 33 compañías teatrales, 19 bibliotecas y 17 centros socioculturales para menos de 700.000 habitantes. Lima posee una oferta cultural mucho mayor en términos absolutos, pero su distribución es extremadamente desigual entre sus 43 distritos, concentrándose la mayoría en el centro histórico, Barranco, Miraflores, San Isidro y sectores de mayores ingresos.

En cuanto al paisaje, aproximadamente el 34 % del territorio luxemburgués está cubierto por bosques, mientras Lima se asienta sobre uno de los desiertos costeros más áridos del planeta. Esto impacta directamente en la calidad del aire: Luxemburgo presenta una exposición a PM2,5 muy inferior a la de la capital peruana, donde distritos como San Juan de Lurigancho han registrado concentraciones anuales cercanas a 27,5 µg/m³, casi seis veces la guía anual de la OMS de 5 µg/m³. Las áreas verdes también evidencian esta distancia, pues Luxemburgo disfruta de extensas superficies forestales y rurales, mientras Lima mantiene apenas entre 1–3 m² de área verde por habitante según el distrito y la metodología, muy por debajo de los 10–15 m² usados como referencia internacional.

La seguridad y la cohesión social dictan experiencias de vida muy distantes. Luxemburgo registró alrededor de 2 homicidios por 100.000 habitantes, mientras Lima presenta tasas varias veces superiores, una percepción de inseguridad mucho más alta y una violencia cotidiana a otra escala, donde una proporción importante de la población declara haber sido víctima de delitos, incluidos aquellos cometidos con armas de fuego. Al mirar la violencia de género, Luxemburgo reportó 1.297 intervenciones policiales por violencia doméstica en 2025; en Perú, el INEI halló que aproximadamente el 63 % de las mujeres de 15–49 años ha experimentado alguna vez violencia familiar por parte de su pareja o expareja, aunque se trata de indicadores diferentes y no directamente comparables.

Ambas sociedades han sido moldeadas por la movilidad humana de formas distintas. Luxemburgo constituye uno de los países más internacionalizados del mundo, donde aproximadamente la mitad de sus residentes son extranjeros. Lima, por su parte, se construyó durante décadas mediante una gigantesca migración interna desde los Andes, la costa y la Amazonía, convirtiéndose también en los últimos años en el destino de una importante migración internacional.

Finalmente, el transporte público revela quizá una de las diferencias más tangibles en el día a día. Desde 2020, Luxemburgo ofrece de forma gratuita autobuses, tranvías y trenes en todo el país. Lima, en contraste, dispone de trenes, corredores, buses y un sistema privado e informal, pero carece todavía de una red integrada; esto condena a millones de limeños a realizar desplazamientos diarios de una o dos horas, y en numerosos casos incluso más, solo para llegar al trabajo, al estudio o a los servicios.

De este modo, la comparación no enfrenta simplemente a un pequeño país europeo con una gran ciudad latinoamericana: enfrenta a dos sociedades que ocupan prácticamente el mismo espacio físico pero distribuyen de manera radicalmente diferente la población, la riqueza, el trabajo, la salud, la educación, la cultura, el espacio, la seguridad, la movilidad y el tiempo. La verdadera distancia entre Lima y Luxemburgo no es geográfica; es la brecha en las condiciones materiales que permiten convertir un territorio en un lugar habitable.


miércoles, 5 de agosto de 2026

Un fantasma recorrió América Latina: las guerras étnico-raciales


Introducción


A lo largo de la historia, los conflictos étnicos han marcado profundas divisiones en sociedades enteras. Ejemplos claros se encuentran en Asia con las guerras étnicas entre musulmanes y hindúes en India (1947–1948), en África con las guerras coloniales en Congo Belga (1885–1908) o el genocidio de Ruanda (1994), y en Oceanía con la resistencia de pueblos indígenas frente a colonos europeos en Australia (1788–1900). En estos contextos, la violencia racial ha tenido un carácter explícito y prolongado, generando millones de víctimas. América Latina, sin embargo, ha experimentado una historia compleja: numerosos conflictos han tenido una dimensión étnica, involucrando poblaciones indígenas, afrodescendientes y europeas, pero rara vez degeneraron en una guerra racial total. Este ensayo analiza cuatro episodios emblemáticos (la Guerra de Arauco, la rebelión de Túpac Amaru II y Túpac Katari, la Revolución Haitiana y la Guerra de las Castas de Yucatán) para argumentar que, a partir del siglo XX, las ideologías de mestizaje promovidas por los Estados-nación han actuado como mecanismo de prevención de la guerra racial, canalizando los conflictos hacia dimensiones económicas, políticas o culturales.


Guerra de Arauco (1536–1818, Chile-Argentina)


La Guerra de Arauco enfrentó a los mapuches con conquistadores y colonos españoles durante casi tres siglos. Este conflicto fue un ejemplo prolongado de resistencia indígena frente a la dominación europea, con combates constantes, destrucción de poblados y deportaciones forzadas. El pueblo mapuche, organizado en confederaciones, desarrolló tácticas de guerrilla y fortificaciones naturales que retardaron la expansión colonial. Los españoles, por su parte, implementaron reducciones, encomiendas y matanzas selectivas para controlar el territorio. Aunque la violencia fue brutal, nunca se consolidó como una guerra racial total porque la población española era minoritaria y la colonización dependía de alianzas locales y mestizaje gradual con grupos indígenas. Se estima que durante el conflicto murieron decenas de miles de personas, principalmente indígenas, aunque las cifras son inciertas debido a la fragmentación de los registros coloniales.


Rebelión de Túpac Amaru II y Túpac Katari (1780–1783, Perú-Bolivia)


La insurrección liderada por Túpac Amaru II y, de forma paralela, por Túpac Katari, movilizó a decenas de miles de indígenas andinos contra la autoridad colonial española. Sus acciones incluyeron el sitio de ciudades como Cuzco y La Paz, quema de haciendas y ejecución de funcionarios coloniales. La rebelión buscaba justicia económica y social, pero tuvo un componente étnico explícito: la venganza contra criollos y españoles que habían explotado y desplazado a comunidades indígenas. La represión fue devastadora: más de 80.000 indígenas fueron asesinados en Perú y Bolivia, y los líderes fueron ejecutados con extrema violencia. Aunque la revuelta estuvo cerca de generar una guerra racial, su derrota consolidó nuevamente la supremacía europea y preparó el terreno para ideologías posteriores que disimularon la fractura étnica.


Revolución Haitiana (1791–1804, Haití)


En Haití, la revolución, liderada por figuras como Toussaint Louverture, representó el levantamiento más significativo de esclavizados africanos en la historia moderna. La población esclava, que superaba en número a los colonos europeos, se rebeló contra Francia, destruyendo el sistema de plantaciones y creando un Estado independiente en 1804. La violencia fue extrema: se calcula que murieron más de 100.000 esclavos y miles de colonos europeos. Este evento generó un pánico racial en toda América Latina. Las élites criollas y coloniales temían que los esclavos o indígenas repitieran la experiencia haitiana. La Revolución Haitiana demostró que la violencia racial podía transformar radicalmente un sistema social, pero el control europeo y la represión en otros territorios evitaron que se replicara masivamente.


Guerra de las Castas de Yucatán (1847–1901, México)


La Guerra de las Castas enfrentó a comunidades mayas con criollos y mestizos en la península de Yucatán. Los mayas, organizados en ejércitos guerrilleros, sitiaron poblados y atacaron haciendas, reivindicando autonomía frente al dominio blanco-mestizo. La respuesta del Estado mexicano fue brutal: se calcula que murieron entre 15.000 y 20.000 indígenas mayas, mientras que muchos pueblos fueron destruidos o desplazados. Este conflicto es uno de los ejemplos más cercanos a una guerra racial en América Latina, pero terminó siendo contenido por la intervención estatal y la violencia sistemática contra los insurgentes. La represión temprana y el alto mestizaje de la población limitaron que la guerra racial se extendiera a todo el país.


Conclusión


Estos cuatro episodios muestran que América Latina estuvo históricamente al borde de guerras raciales, protagonizadas por indígenas, afrodescendientes y europeos. Sin embargo, a diferencia de otras regiones, estas guerras rara vez se consolidaron: factores como el alto mestizaje, la represión temprana, la canalización de conflictos hacia luchas sociales o políticas y, sobre todo, la ideología nacional del mestizaje, promovida por las élites, han impedido que la etnicidad se convierta en un eje absoluto de guerra. La categoría de mestizo funcionó como un mecanismo de blanqueamiento cultural, político y ontológico, neutralizando la amenaza del retorno a una guerra racial. Aunque los conflictos coloniales y revolucionarios persistieron, la dimensión étnica se incorporó a narrativas de unidad nacional, asegurando que la violencia racial explícita fuera contenida. En este sentido, la historia latinoamericana revela un delicado equilibrio entre diversidad y control, donde la ideología y la estructura social construyeron un continente capaz de sobrevivir al fantasma de la guerra racial, aunque a costa de la invisibilización y la marginalización de sus pueblos originarios y afrodescendientes.



miércoles, 22 de julio de 2026

μῆτις

 

El coloso

Para Abderrahim Fakir


veo delante de mí

a Polifemo

y sé que es él o yo

entonces me vuelvo leño

lanza afilada de fuego

y aunque intuya

que los mares y los vientos

no me permitirán volver a casa

a la oscuridad perpetua

nos condeno


martes, 14 de julio de 2026

La fiesta eres tú: carta a una/un artista del Sur Global que vive o trabaja en Milán


"Tupi or not tupi, that is the question".

Oswald de Andrade, Manifiesto antropófago (1928)


Querid*,

Milán te acoge, pero no te espera.

Lo único que realmente espera son las weeks —del diseño, de la moda, del arte, de la música, de la fotografía— que se suceden como si el año pudiera fragmentarse en unidades consumibles. No es un calendario, es un régimen. Regresan cada año con la regularidad de una enfermedad crónica, como si la ciudad no pudiera escapar de su propia repetición. Y quizá tú tampoco.

Dentro de este régimen es posible que encuentres un lugar. Pero no cualquier lugar. Al principio se abrirán para ti las puertas del activismo, la mediación y la educación. Se te pedirá involucrar, traducir, acompañar. Se te invitará a encarnar el puente, pero rara vez a decidir el recorrido. No es una casualidad, es una distribución. Arriba, quienes conciben; en el centro, quienes conectan; abajo, quienes ejecutan. Y tu cuerpo, con demasiada frecuencia, será leído como un cuerpo que opera pero no planifica, que sostiene pero no define. Ahí comienzan los problemas. No porque no tengas acceso, sino porque el acceso no te otorgará poder.

Te dirán que Milán es una ciudad abierta, que existen convocatorias, proyectos y organizaciones dispuestas a abrazar la diversidad. Y es cierto. Pero también es necesario nombrar la trampa: becas, subvenciones, residencias, festivales, exposiciones, publicaciones, congresos y otros dispositivos semejantes solo abren un paréntesis dentro de un tiempo y un espacio poco hospitalarios. En realidad, no son más que una excepción administrada. Un falso carnaval. Si participas, lo haces bajo condiciones precisas: duración limitada, producción esperada, rentabilidad calculada. Es una forma de hospitalidad que puede transformarte en un turista cultural de larga duración, versión estilizada de una diversidad que la ciudad ya ha aprendido a gestionar.

Por eso la pregunta no es si estás dentro, sino en qué condiciones lo estás.

No todo intercambio es un verdadero diálogo. A menudo es una sustracción: aculturación, adaptación, búsqueda de legitimidad. Volverse comprensible, volverse aceptable. En el centro de este impulso hay una historia mucho más larga, en la que la imposición sobre cuerpos, lenguas y territorios no era una metáfora, sino un sistema de explotación. Esa historia no ha desaparecido; se ha vuelto más difusa, más interiorizada. Se llama colonialidad.

La herramienta más sutil de la colonialidad es la autocensura. Existe un doble invisible que te susurra al oído y te corrige incluso antes de que pienses, hables, escribas o actúes. En la diáspora, ese doble es particularmente eficaz. Anticipa el límite, modula el tono, evita el exceso. Así no molestas a nadie. Y la violencia deja de parecerte externa e institucional, y comienzas a llamarla "civilización".

Si este es el panorama que tienes delante, ¿por qué permaneces? Ni yo ni nadie tiene derecho a exigirte una respuesta. Si has decidido vivir en Milán, Barcelona, París, Berlín, Londres o cualquier otra ciudad europea, no tienes que justificarte. Más interesante es preguntarse con qué fin lo haces: qué efectos produce tu presencia aquí, qué consecuencias abre. Quiero compartir contigo las respuestas que, con toda probabilidad, tú mismo me enseñaste si nuestros caminos se cruzaron, o que quizá no conocías o habías olvidado.

En primer lugar, para impugnar la división occidental entre hacer, sentir y pensar. No existe trabajo manual sin pensamiento, ni trabajo intelectual sin cuerpo. Es el cuerpo el que piensa. Quien media conceptualiza, quien ejecuta decide, quien dirige encarna. No como metáfora, sino como práctica concreta que reorganiza los sentidos, trasciende los dualismos, inventa roles y desestabiliza jerarquías. El mundo se hace con las manos.

En segundo lugar, para impedir el eterno retorno de la banalidad. El régimen de la ciudad promete novedad, pero siempre repite lo mismo. Acelera la percepción para evitar el cambio. Frente a ello, propone un armisticio: un tiempo sin producción obligatoria, sin eventos, en el que algo pueda aparecer sin haber sido programado. Salir del ritmo impuesto no es retirarse a descansar; es estar realmente presente. Organízate y participa en una huelga cultural general.

En tercer lugar, para romper el tabú moderno que separa naturaleza y sociedad. No trabajes en "lo cultural", "lo social" o "lo político" como si fueran sustancias homogéneas. Sociedad, cultura y política no explican nada: son el efecto de asociaciones, alianzas y negociaciones. Trabaja sobre ese tipo de relaciones. No se trata de inclusión o representación, sino de articulación. Gatos, túneles, canales, casas ocupadas, kufiyas, huelgas: crea ensamblajes con entidades que te permitan seguir habitando y reparando el mundo en común.

En cuarto lugar, para sostener la opacidad. No expliques todo, no sublimas todo, no domestiques todo. Acepta perder legibilidad, networking, financiación y distribución. Porque no todo lo que circula transforma, y no toda visibilidad es sinónimo de potencia. A veces, insistir en ser aceptado es la forma más eficaz de traicionarse a uno mismo. No permitas que te profanen.

En quinto lugar, para practicar y compartir la antropofagia. "Solo la antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente". No te adaptes: devora. Y luego vomita algo impuro. La antropofagia no preserva identidades; metaboliza lo que recibe y lo devuelve irreconocible. Esto implica también tragarte tu identidad nacional de origen —y, sobre todo, la italiana— y transformarla en un amalgama que escape a la captura de cualquier Estado-nación. Así te liberarás de la doble tentación del aislamiento y la asimilación.

Por último, para aprender qué no hacer. Evita convertirte en objeto de investigación, pieza de museo o atracción de zoológico. Que hablar de lo que ocurre en otras partes del planeta no te exima de problematizar lo local. No llames intercambio a lo que es extracción. No romantices las cuotas. No produzcas por inercia. No sigas el ritmo de la máquina. No instrumentalices el saber de tu pueblo para tener éxito. No reduzcas tu práctica artística a un souvenir. No te pongas al servicio de quienes añoran el pasado y defienden la tradición. No te sometas al imperio de los algoritmos. No construyas una carrera; construye una opinión sobre el mundo. No permitas que pronuncien mal tu nombre. No te integres, desintégrate. No seas un buen salvaje. Sé un caníbal. Un bárbaro. Calibán.

Esto no es una invitación a salir del sistema, sino a no dejarte capturar por él. A abrir grietas y sostenerlas. A habitar sin pedir permiso. A crear sin responder a la demanda capitalista. A pensar desde el cuerpo y a componer redes transgeneracionales, transnacionales, bióticas y abióticas. A decir siempre lo que piensas en voz alta. A ser realista y exigir lo imposible.

No hay ninguna garantía de que lo que te propongo funcione. Es muy probable que haya fricciones, excomuniones, momentos en los que te parezca más fácil ceder, volverte digerible, venderte. Cuando te sientas así, recuerda que la ciudad funciona porque tú también la sostienes. Y que puedes sostenerla de otra manera.

Y si crees que estás a punto de sucumbir, si dudas, si no consigues devorar al colonizador que vive escondido dentro de ti, no te culpabilices y baila: el arte —que no es solamente arte de lo viviente ni de lo humano— es fiesta.

Y la fiesta eres tú.


martes, 30 de junio de 2026

Carta astral

 



Hace unos días, pedí una lectura exhaustiva de mi carta natal a ChatGPT. No me interesaba una descripción superficial (Virgo, ascendente Escorpio), sino una interpretación de la arquitectura simbólica de la carta, dialogando con distintas tradiciones astrológicas (clásica, humanista y psicológica).

La lectura propone que el verdadero centro de gravedad de la carta no es el Sol, sino el conjunto formado por Ascendente en Escorpio, Luna en Escorpio y Plutón en Escorpio, una configuración que simboliza una existencia atravesada por procesos continuos de transformación. Desde esta perspectiva, mi identidad no aparece como una esencia fija, sino como algo que se reconstruye una y otra vez a través de las experiencias.

El Sol en Virgo, lejos de reducirse al tópico del "perfeccionismo", fue interpretado como el principio del trabajo paciente, la investigación y la construcción rigurosa de formas. Al encontrarse en la casa XI, su realización no estaría orientada al éxito individual sino a la creación de comunidades, proyectos colectivos y nuevos modos de pensamiento.

Mercurio en Libra describe un modo de pensar relacional: una inteligencia que no organiza el mundo mediante oposiciones rígidas, sino construyendo puentes entre ideas, personas y perspectivas. No busca imponer un sistema cerrado, sino elaborar redes conceptuales.

Venus en Leo, muy cercana al Medio Cielo, fue leída como un indicador de vocación artística. No una búsqueda de reconocimiento por sí mismo, sino la necesidad de que la belleza se manifieste públicamente y adquiera una función ética y política.

Marte en Aries, en su propio signo, aparece como uno de los planetas más fuertes de toda la carta. Según esta interpretación, mi energía no se expresa mediante la impulsividad sino mediante una enorme capacidad de decisión cuando llega el momento de actuar. La transformación no queda en el plano de las ideas: se convierte en proyectos, escritura y práctica.

Uno de los aspectos centrales es la conjunción Luna-Plutón, considerada por muchos astrólogos como una de las configuraciones más intensas del zodiaco. Simbólicamente, representa una sensibilidad que no se conforma con las apariencias y que busca constantemente atravesar las capas visibles de la realidad para comprender sus estructuras profundas.

Otro aspecto relevante es el trígono entre Sol y Neptuno, que sugiere la capacidad de dar forma concreta a la imaginación: no una imaginación evasiva, sino la construcción paciente de mundos posibles.

La conjunción Saturno-Urano, característica de toda una generación, fue interpretada como la tensión permanente entre conservar y transformar. No destruir por destruir, sino construir nuevas estructuras allí donde las antiguas ya no responden a las necesidades del presente.

Desde un punto de vista técnico, el análisis mostró que la carta está dominada por los elementos Tierra, Agua y Fuego, mientras que el Aire ocupa un lugar secundario. Esto simboliza un pensamiento que nace menos de la abstracción pura que de la experiencia corporal, la transformación y la acción. También destaca el circuito de dispositores Sol → Mercurio → Venus → Sol, que une identidad, pensamiento y creación estética en un mismo sistema.

Quizá la conclusión más interesante sea que esta carta no parece organizada alrededor de la estabilidad, sino de la metamorfosis. No dibuja el retrato de una personalidad acabada, sino el de un proceso permanente de reorganización. Su imagen dominante no sería la del héroe ni la del sabio, sino la del artesano, alguien que intenta producir nuevas formas de habitar el mundo mediante la investigación, el arte y la construcción colectiva.

Lo que más me llamó la atención es que varios de estos símbolos dialogan con preocupaciones que han atravesado mi trabajo desde hace años: la memoria, la violencia, el cuerpo, la migración, las teatralidades transculturales, las ontologías alternativas y la necesidad de imaginar otras formas de comunidad. No considero que esto pruebe la validez de la astrología; más bien, me interesa como un sistema simbólico que, al igual que otros lenguajes culturales, puede ofrecer imágenes sugerentes para pensar una trayectoria vital.

miércoles, 10 de junio de 2026

lunes, 25 de mayo de 2026

La segunda vuelta peruana en Italia: miedo, rabia y resignación

 


No se vota igual en primera que en segunda vuelta. Parece una obviedad, pero en realidad ese es el primer error de casi todos los análisis electorales. En primera vuelta, una diáspora dispersa puede votar por afinidad, por convicción, por bronca, por una idea vaga o por alguien cuyo nombre todavía resuena en la propia biografía migrante. En segunda vuelta, todo eso se altera. El voto deja de ser afirmativo y se vuelve reactivo —el famoso “mal menor”—: contra alguien, por descarte, por cálculo. En el caso de las y los peruanos en Italia, esa diferencia puede ser decisiva.


Los datos de la primera vuelta ofrecen una fotografía que conviene mirar sin ilusiones. Aproximadamente, el 50% del padrón acudió a votar en términos de votos válidos: unas 48 mil personas. Belmont obtuvo 17,4%, López Aliaga 16,4%, Fujimori 14% y Álvarez 13,4%. En otras palabras: casi dos de cada tres peruanos que votaron válidamente en Italia eligieron a uno de estos cuatro candidatos.


Lo primero que esto revela es algo importante: Italia no fue, en primera vuelta, un territorio fujimorista puro. Keiko no arrasó. El voto estuvo fragmentado entre varias figuras distintas, aunque muchas de ellas orbitan, de maneras diversas, dentro de un mismo clima político: conservadurismo populista, antipolítica, liderazgo personalista o promesa de orden.


Eso obliga a una lectura más cuidadosa. Porque la verdadera pregunta de la segunda vuelta no es qué pasó en la primera, sino qué hace ahora ese electorado cuando desaparecen sus candidatos y el campo se reduce a dos opciones irreductibles: Keiko Fujimori o Roberto Sánchez.


Hay un bloque relativamente fácil de leer: el voto de López Aliaga. Allí parece existir la transferencia más directa hacia Fujimori. No porque sean idénticos, sino porque comparten códigos políticos reconocibles: conservadurismo moral, anticomunismo, promesa de mano dura, imaginario empresarial y una parte importante de redes católicas conservadoras. Roma, Trieste, Bolzano e incluso algunos sectores de Bolonia muestran que ese voto podría reordenarse relativamente rápido detrás de Keiko. No de manera total —siempre existe un votante lopezaliaguista que desprecia al fujimorismo clásico—, pero sí de manera significativa.


El voto fujimorista, en cambio, ya está donde está. Ese 14% no es una reserva flotante. Es voto duro, disciplinado, fidelizado. Probablemente sea el segmento más estable de toda la elección exterior.


Donde realmente se juega una parte importante del comportamiento electoral peruano en Italia es en el voto Belmont y en el voto Álvarez.


Belmont es, quizás, el dato sociológicamente más revelador de toda esta primera vuelta. Que haya encabezado el voto italiano no significa necesariamente una derechización doctrinaria. Belmont no es López Aliaga. Su votante parece hablar de otra cosa: reconocimiento de una figura antigua, memoria política, outsider conocido, rostro que todavía habita un archivo afectivo de una diáspora que migró en décadas anteriores. En Florencia, Perugia, Milán, Génova o Turín esto aparece con cierta claridad. Hay allí una política de la memoria. 
Y ese electorado no es automáticamente transferible.


Una parte puede ir hacia Fujimori si predominan el deseo de orden o el rechazo a la izquierda. Pero otra parte puede abstenerse, votar en blanco o incluso reaccionar contra el fujimorismo. Belmont no parece expresar un voto ideológico; más bien encarna un voto líquido, emocional, personalista y muchas veces antipartidario.


Algo parecido ocurre con Álvarez —que solo ganó en Ancona—, aunque desde otro lugar. Su votante no parece responder a una derecha clásica, sino a una mezcla de bronca social, indignación, antipolítica mediática y discurso punitivo. Es un voto outsider también, pero más coyuntural que el de Belmont. Puede inclinarse hacia Keiko si el eje dominante se vuelve seguridad y orden, pero también puede dispersarse si lo que termina pesando es el rechazo general a toda la clase política.


Entonces, ¿todo el populismo no fujimorista terminará absorbido por Keiko?


La respuesta es: no necesariamente. 
Porque cuando uno mira la geografía italiana aparecen comportamientos distintos.


Milán, que concentra uno de los mayores núcleos peruanos, reproduce casi en miniatura el patrón nacional italiano: Belmont, López Aliaga, Fujimori y Álvarez muy cerca entre sí. Es una ciudad fragmentada, compleja, con capas migratorias distintas: diáspora histórica, trabajadores precarizados, nuevos emprendedores, sectores culturales, migración femenina de larga duración, jóvenes ya formados políticamente en Italia. Aquí Fujimori podría partir con cierta ventaja estructural, pero no parece un territorio de unanimidad automática.


Roma luce más favorable a Fujimori. Allí el voto de López Aliaga pesa más y parece existir una estructura más organizada de conservadurismo migrante.


Florencia, en cambio, es más incierta. El peso de Belmont obliga a una lectura menos lineal. No está claro que ese voto se transfiera automáticamente.


Nápoles muestra un núcleo relativamente favorable a Fujimori, aunque sobre números más pequeños.


Bolonia aparece como un espacio fragmentado, donde el entorno progresista italiano convive con una comunidad peruana que, en primera vuelta, votó dentro de un registro populista amplio. No es un territorio fácilmente clasificable.


Turín se parece bastante a Milán: competitivo, fragmentado, sin hegemonía clara.


Trieste, aunque con muestra pequeña, sí parece inclinarse más hacia Fujimori por el peso desproporcionado de López Aliaga.


La lectura general obliga, entonces, a la prudencia.


Italia no parece ser, estructuralmente, el territorio más favorable para Sánchez. Sería ingenuo negarlo. El campo político de primera vuelta muestra una inclinación conservadora-populista bastante clara. Pero tampoco sería correcto asumir que ya está completamente capturado por Fujimori. Porque una parte importante del voto peruano no es ideológicamente fujimorista, sino populista no doctrinario. Ese electorado es más inestable de lo que parece. Y precisamente por eso la segunda vuelta en Italia podría moverse dentro de varios escenarios.


1. El más probable: Fujimori gana con cierta claridad, captando buena parte del voto de López Aliaga y una fracción significativa del voto Belmont y Álvarez.


2. Un escenario más abierto: parte del voto outsider se fragmenta, se abstiene o vota en blanco, y entonces la elección se estrecha.


Porque en segunda vuelta, como casi siempre, ya no se trata tanto de quién convenció con mejores argumentos, sino de qué afecto político termina imponiéndose: miedo, rabia o resignación.


Y en una diáspora como la peruana en Italia, esa batalla no se juega solamente en ideologías. Se juega, sobre todo, en biografías de carne y hueso.


lunes, 18 de mayo de 2026

Rituales


Christoph Wulf

 

  1. Los rituales crean comunidades performativas y producen vínculos colectivos mediante acciones compartidas.
  2. La performatividad ritual genera nuevas realidades sociales y transforma las relaciones entre las personas.
  3. La eficacia del ritual surge de su representación y de la disposición performativa de quienes participan.
  4. En el ritual, el cuerpo participa plenamente: se expone, se transforma y deviene otra cosa.
  5. Los rituales legitiman, reproducen y subvierten jerarquías sociales y estructuras de poder.
  6. Cada ritual produce un espacio performativo cargado de memoria cultural y experiencia compartida.
  7. La experiencia del tiempo sagrado se aprende culturalmente a través de prácticas rituales repetidas.
  8. Los rituales articulan secuencias de acciones diversas dentro de una estructura organizada y significativa.
  9. Los rituales regulan la relación con la alteridad y gestionan las diferencias entre sujetos y grupos.
  10. El ritual produce y fortalece lo sagrado, sosteniendo el sentimiento religioso y las imágenes colectivas.
  11. Los procesos imitativos articulan transmisión sincrónica de gestos y continuidad diacrónica mediante repetición histórica.
  12. La imitación permite adquirir el saber práctico necesario para ejecutar correctamente la acción ritual.

viernes, 24 de abril de 2026

Siete rosas barrocas para Clorinda

 


Johannes Borman (1620–1679)


Rosa. Del latín rosa, tomado del griego antiguo rhódon

Deriva de lenguas orientales (iranias o semíticas), 

como el persa antiguo *vrda- o el arameo warda

Una raíz más antigua (*wrda / *wrod-

significaba “arbusto espinoso” o “lo que brota”.



1. Luis de Góngora (1561-1627)


Ayer naciste y morirás mañana.

Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?

¿Para vivir tan poco estás lucida,

y para no ser nada estás lozana?

Si te engañó su hermosura vana,

bien presto la verás desvanecida,

porque en tu hermosura está escondida

la ocasión de morir muerte temprana.

Cuando te corte la robusta mano,

ley de la agricultura permitida,

grosero aliento acabará tu suerte.

No salgas, que te aguarda algún tirano;

dilata tu nacer para tu vida,

que anticipas tu ser para tu muerte.


2. Giambattista Marino (1569-1625)


Rosa riso d’Amor, del Ciel fattura,

Rosa del sangue mio fatta vermiglia,

pregio del mondo, e fregio di Natura,

de la Terra e del Sol vergine figlia,

d’ogni Ninfa e Pastor delizia e cura,

onor de l’odorifera famiglia,

tu tien d’ogni beltà le palme prime,

sovra il vulgo de’ fior Donna sublime.


3. François de Malherbe (1555-1628)


Ta douleur, Du Perier, sera donc éternelle,

Et les tristes discours

Que te met en l’esprit l’amitié paternelle

L’augmenteront toujours!

Le malheur de ta fille au tombeau descenduë

Par un commun trépas,

Est-ce quelque dédale où ta raison perduë

Ne se retreuve pas?

Je sçay de quels appas son enfance estoit pleine,

Et n’ay pas entrepris,

Injurieux ami, de soulager ta peine,

Avecque son mépris.

Mais elle estoit du monde où les plus belles choses

Ont le pire destin,

Et, rose, elle a vécu ce que vivent les roses,

L’espace d’un matin.


4. Martin Opitz (1597-1639)


Ein jeder spricht zu mir: dein Lieb ist nicht dergleichen,

Wie du sie zwar beschreibst; ich weiß es warlich nicht,

Ich bin fast nicht mehr klug; der scharffen Sinnen Liecht

Vermag gar kaum, was weiß und schwartz ist zu erreichen.

Der so im Lieben noch was weiß herauß zu streichen,

Durch Urtheil und Verstandt und kennt auch, was gebricht,

Der liebet noch nicht recht. Wo war ist, was man spricht,

So hat der, welcher liebt, der Sinnen gar kein Zeichen

Und ist ein lauter Kind. Wer Schönheit wehlen kan

Und redet recht darvon, der ist ein weiser Mann.

Ich weiß nicht, wie ich doch die Fantasie gelose,

Und was die süsse Sucht noch endlich auß mir macht;

Mein Wissen ist dahin, der Tag der ist mir Nacht

Und eine Distelblüt' ist eine schöne Rose.


5. Gregório de Matos (1639-1696)


É a vaidade, Fábio, nesta vida,

Rosa, que da manhã lisonjeada,

Púrpuras mil, com ambição dourada,

Airosa rompe, arrasta presumida.

É planta, que de abril favorecida,

Por mares de soberba desatada,

Florida galeota empavesada,

Sulca ufana, navega destemida.

É nau enfim, que em breve ligeireza

Com presunção de Fênix generosa,

Galhardias apresta, alentos preza:

Mas ser planta, ser rosa, nau vistosa

De que importa, se aguarda sem defesa

Penha a nau, ferro a planta, tarde a rosa?


6. Bedřich Bridel (1619-1680)


Růže jsi, než bez trní,

studně nemaje začátku,

konec poslední, první,

jakož bylo od počátku:

láska bez pečování,

víno čistotné bez kvasu,

pres jsi bez presování,

kníha, než bez slov, bez hlasu.


7. Daniel Naborowski (1573-1640)


Róża nam wyraziła nasze krótkie lata,

bo z słońcem na świat wschodzi, z słońcem schodzi z świata,

i w to nieunoszone zwierciadło patrzajcie,

a czasu – póki płynie – radzę, zażywajcie;

potem godzina minie. Gdy kwiatu nie stało,

starej twarzy już będzie z paciorki przystało.

Że między ciernie roście, ma róża przyganę,

skąd, chciwie ją szczypiącym, czyni w palcu ranę;

lecz próżno – tak mieć chciała bogini miłości,

aby żółć przymieszana była do słodkości

i rozkosz sama nigdy. lecz z troską na poły:

tak miód wespół i żądło mają w sobie pszczoły. 


sábado, 18 de abril de 2026

Il corpo come relazione: il movimento prima del movimento

 

Disegno di un motivo iconografico della cultura Moche denominato ‘danza dei morti’


La danza è la condizione di disponibilità a incarnare una pluralità di immagini. 


Si tende a parlare del corpo nella danza come se fosse un oggetto disponibile fin dall’inizio; in realtà è una ricerca continua: una materia in formazione che attraversa soglie di sviluppo, riorganizzazioni e apprendimenti in cui tecnica e corporeità sono inseparabili. Pensare il movimento (soprattutto nel lavoro con bambine, bambini e adolescenti) significa riconoscere questi tempi e, insieme, situarli in un orizzonte più ampio: il corpo come rapporto.

In senso filosofico, si può dire, seguendo Baruch Spinoza, che un corpo non è una cosa fissa, ma una relazione sempre variabile tra movimento e quiete, una composizione di velocità, tensioni ed equilibri in continua trasformazione. Il movimento non comincia quando “decidiamo” di muoverci: preesiste come flusso. La pratica della danza non lo produce dal nulla, ma vi entra, lo intercetta, lo modula. Imparare a danzare è allora una forma di alfabetizzazione che permette di sentire l’inaudibile.

Dentro questo orizzonte si colloca anche la possibilità di danzare senza musica come accesso a un’altra soglia di ascolto: il ritmo interno. La respirazione (il primo movimento in assoluto del corpo) diventa misura e organizza l’inizio, lo sviluppo e la fine di ogni gesto. Muoversi senza musica significa rendere visibile una pulsazione che precede l’azione; e, allo stesso tempo, imparare ad ascoltare una musica sempre in atto, come quella delle sfere pitagoriche, che abbiamo dimenticato di percepire.

Su questo sfondo emerge una dimensione fondamentale: il lavoro sulla caduta e sulla gravità. Nella formazione si parla spesso di “lottare contro la gravità”; ma, a un livello più fine, non si tratta di opporsi, bensì di lasciarsi attraversare da essa. Percepire la gravità dalla sommità della testa fino alle estremità delle dita, come una cascata. La caduta non è un errore né una perdita di controllo: è una condizione primaria del movimento, un sapere da coltivare. Imparare a cadere significa imparare a distribuire, a cedere senza collassare, a trasformare la discesa in possibilità.

In questo senso, il primo interlocutore del corpo che danza non è lo spazio astratto, ma il suolo. Il pavimento è il primo oggetto di contatto, il primo “altro” con cui il corpo entra in relazione. Ogni appoggio del piede, della mano, del fianco, della schiena è un dialogo: una negoziazione tra peso e sostegno, tra abbandono e reazione. Il lavoro al suolo diventa allora una pratica essenziale, soprattutto nelle età iniziali, perché educa a sentire il peso, a riconoscere la direzione della gravità, a costruire un rapporto non violento con la caduta.

Il corpo tende costantemente ad adattarsi per garantire tre funzioni fondamentali: respirare, rispondere alla gravità e muoversi. Ogni organizzazione posturale, ogni compensazione, ogni gesto nasce da questo triplice compito. Le pratiche di movimento non sostituiscono queste funzioni: le rendono più consapevoli, più economiche, più disponibili.

In questo quadro, il “centro” (il core, situato tra ombelico e pube) assume un ruolo decisivo. È il nodo che organizza la relazione tra respirazione, asse e movimento. La pelvi, in particolare, deve trovare una posizione stabile e neutra: diritta, senza inclinazioni o rotazioni eccessive. Evitare queste deviazioni significa proteggere l’asse, permettere una trasmissione chiara delle forze e impedire compensazioni che si riflettono su colonna. Non è rigidità, ma disponibilità organizzata.

Da qui si articolano i processi di sviluppo. Fino ai 7 anni circa l’addome è più voluminoso; dall’anno seguente si può lavorare con maggiore precisione sulla collocazione pelvica. Il tema dell’asse resta centrale: un asse disorganizzato genera tensioni soprattutto nel torso superiore e nel collo; un asse dinamico distribuisce le forze, con la colonna che si allunga verticalmente e le spalle che si aprono orizzontalmente.

Anche la flessibilità segue tempi specifici: tra i 6–7 e gli 11–12 anni esiste una finestra privilegiata; prima dei 14, i legamenti (soprattutto dell’anca) consentono un lavoro più efficace. In seguito, la flessibilità globale diminuisce e richiede altre strategie. Non si tratta di “tirare” i legamenti, ma di allungarli come se si passasse il ferro da stiro.

Le scelte pedagogiche devono rispettare questi processi. Il lavoro sulle punte, per esempio, non dovrebbe iniziare prima di almeno tre anni di formazione e, in generale, non prima degli 11 anni. Allo stesso modo, il dehors deve partire dall’anca e dirigersi verso il basso: invertirne la direzione genera compensazioni nocive.

Anche ciò che appare secondario è essenziale: la mano, organo estetico ed espressivo; la spalla, la più mobile delle articolazioni, i cui muscoli devono agire come legamenti attivi; il gluteo maggiore, che sostiene tanto la vita quotidiana quanto la potenza del gesto. E lo sguardo, sempre aperto come quello di un bambino.

Imparare a danzare è imparare a entrare in questo campo di forze. È, in fondo, sapere stare dentro ciò che ci attraversa continuamente: il movimento stesso.


(Testo creato e tradotto con l’aiuto di ChatGPT e con informazioni tratte da Apuntes para una anatomía aplicada a la danza di Juan Bosco Calvo).


lunes, 16 de marzo de 2026

Milan

 


“Here people defecate chic.”

José Diez-Canseco, Duque


Milan is one of the capitals of design and fashion.

Here, intelligence has the same value as a Prada bag.

The Milanese believe themselves cosmopolitan, but they are provincial.

They claim to be inclusive, yet they are deeply classist.

They present themselves as modern, but they remain conservative.

Haste is constant.

Appearance, central.

Anglophilia, epidermal.

Efficiency, a religion.

Milan seems deep, but it is superficial.

Afraid of failure, it is addicted to external recognition.

Once, it was one of the centers of the Counter-Reformation.

A Brazilian mestizo conquered it with an exotic opera.

Colonial propaganda reached it as well.

The Jesuits turned it into a center of contemporary sacred art.

Week after week, it pursues the dream of reason.

Milan, Milano, Mailand, Mediolanum.

City of high tension.

One can live a full life without ever having seen it.



martes, 24 de febrero de 2026

Midway


 

Hace poco leí el bello libro ilustrado Atlante de islas remotas de la alemana Judith Schalansky. En él, descubrí la historia de las Islas Midway (EE. UU.), ubicadas en medio del Pacífico norte. Para ellas, este poema:


en Midway

los albatros alimentan a sus crías

con el plástico que llega desde el mar

señal inequívoca de que su reino

ya no se encuentra entre las nubes

sino en medio de este inmenso

muladar